Esta vida tiene que cambiar

En plena contingencia y a la distancia, los ya históricos teatreros populares El Topo (José Manuel Galván) y El Fanta (Fernando H. Silva), comparten una adaptación sonora del poemario “Despierta Joven América” (1953) del colombiano Carlos Castro Saavedra. (Morelos, México, Abril-Junio 2020)

Desventajas, privilegios y empatía

(Mayo 2020)

Ante la primera gran contingencia sanitaria y social masiva del siglo, Maritza Guzmán, Lucero Martínez, Alexis de la Rosa y Fernando Parra, estudiantes de Prácticas Regionales de la Facultad de Estudios Sociales de Temixco, han recopilado una serie de testimonios sonoros con estudiantes de su Facultad a partir de las siguientes dudas e inquietudes:

¿Cuál es el mayor impacto que he experimentado desde mi cotidianidad, con la contingencia sanitaria?
¿Cuáles son las reflexiones que voy construyendo en esta contingencia?
¿He implementado estrategias colectivas y solidarias que me estén ayudando a sobrellevar estos momentos de crisis, Cuáles son? Y si no he implementado ninguna, ¿cuáles he observado?
¿Qué situaciones sociales, he visibilizado con la contingencia?
¿Cómo estoy viviendo el proceso de confinamiento, y cuál ha sido la mayor dificultad a la que me he enfrentado?
¿Has sentido a la contingencia como una crisis, por qué?

Ante esta batería de preguntas, compartimos aquí las reflexiones, respuestas, experiencias y reflexiones de algunxs estudiantes de la carrera de Trabajo Social en la UAEM:

Ésta es nuestra vida

Ésta es nuestra vida                                                         (25 de Febrero de 2020)

(Video Vía Ehecatl)

Afuerita de la escuela primaria Samir Flores Soberanes, en una de las jardineras de la plaza central de Amilcingo, Morelos con sus murales que crecen y su ayudantía ahora enrejada, mientras varias de las luchas históricas y de las nuevas y urgentes experiencias de estar juntxs para sobrevivir México seguían avanzando sobre cómo articularse, cómo comunicarse y cómo hacer desplegar estrategias de apoyo internacional, un historiador morelense explicaba que al defender su milpa, tradiciones y festividades los pueblos defendían su ciclo de la apuesta por la vida. “Y ésa es nuestra vida. ¿Qué sentido tiene nuestro pasar por este mundo si no estamos dando vida? Y ése es Samir”, concluía:

Ese mero. Y además el compa alegre, sencillo y genuino de la mirada y la sonrisa limpias y fuertes a quien no le hubiera gustado convertirse en símbolo pero hoy es ya el continuador de Emiliano y el sobrino del Che. En estos rumbos incluso hay quien asegura que, si Zapata lo hubiera conocido, sería Samirista. En ellos, en estos nuestros rumbos colapsados y desbordados por la rabia y la indignación, por ciudades y países monstruos, continúan en caravana las Madres y los Padres de los 43 declarando que no hay avances en la investigación y pidiendo apoyo según nuestras  capacidades para movilizarnos los días 26; y Lourdes Mejía continúa contando que su hijo Sinhúe no la quería chillona sino chingona. “A chillar a mi casa”.

Y en estos rumbos crecen también José Luis Bartolo Faustino, Modesto Sebastián, Bartolo Morales, Isaías Xanteco y Sergio Rivera Hernández. Y crecen también, de a poco y a contracorriente, los 12 pueblos de Tecamac y la Coordinación de pueblos, barrios originarios y colonias de Xochimilco. Y sigue y sigue y sigue el Congreso Nacional Indígena. Y también la pregunta enorme de cómo enlazar la lucha de los pueblos originarios con la búsqueda nacional de personas desaparecidxs. Y crecen también el número de anti-monumentos y de disidencias organizadas. Y crece, desde luego, la potencia revolucionaria de las Mujeres. En otros lares han dicho que cuando hay peligro lo que nos puede salvar crece. Y sí, en medio del horror y la muerte, según nuestros modos y capacidades, valentías o miedos, muchxs somos Samiristas de corazón. Y ésta es nuestra vida.

Zapata siempre vuelve

I. Zapata siempre vuelve (Febrero 2019)

Frente al Museo de Ciencias de Morelos, en una casilla que permanece vacía la mayor parte del tiempo, dos estudiantes se acercan al transporte público y si les va bien –si la combi o la ruta no tienen barras- suben a compartirle a lxs pasajeros en apenas un minuto o minuto y medio –en lo que el chofer termina de checar su tiempo y pagar los minutos que se quemó- información sobre toda la destrucción ambiental y social que traería consigo no sólo la ejecución de la Termoeléctrica de Huexca sino de todo el Proyecto Integral Morelos. Quizás les faltaba añadir que este megaproyecto está diseñado para soportar e impulsar la minería a tajo abierto proyectada para la mitad del estado, pero le echaron muchas ganas y hasta tuvieron suerte. A diferencia de los jóvenes que horas antes fueron golpeados y amenazados –en el trayecto a la Torre Morelos les dijeron que les harían lo que a Samir y a los 43- en la entrada norte de Cuernavaca, a estxs dos muchachxs el copiloto adusto y joven de una ruta 6 sólo les dijo que eran envidiosxs –“no ven que los beneficios de la planta serían para todos”- y que, como seguro no han leído textos de historia, era muy fácil lavarles el cerebro. “No saben que estamos en la cuarta transformación”, remató el mentado copiloto.

Esta parte del centro de México es así de inhóspita, triste e insólita. Aquí, alguien se atrevió a escribir la noche del 1 de Julio del 2018 que “nuestros sueños habían abarrotado sus urnas”. Ahora, después de la consulta, esa misma persona escribió: “Y así amanecimos. 59.5% votaron por el SI, 40.1% votamos por el NO”. Así la distancia entre la vida y la muerte en esta parte de México. Un grupo de guerreras y guerreros se empeña en defender la vida aún a costa de la suya y otro grupo de gente asiente al escuchar que de ahora en adelante reinará en México el mejor de los métodos (el ansiado método “democrático”) o que incluso ahora se manda obedeciendo. Tal y como se advirtió en nuestro Sur, y tal y como mostró la década pasada aún más al sur, el saqueo y la devastación de lo que aún queda en pie es acaso más sencilla si el rostro ejecutor tiene disfraces zurdos. ¿O acaso es que poco a poco se fue preparando el terreno (reformas constitucionales, despojos territoriales y desplazamientos forzados) para ejecutar finalmente –de manera finalmente democrática, claro, porque el pueblo es sabio y no se deja lavar el cerebro como esxs ultra-radicales conservadores de izquierda- la última fase de un proyecto en realidad transexenal?

Por todo ello, para quienes no creemos que sobrevivir al colapso sea una cuestión de porcentajes democráticos –y eso si es que en realidad “ganaron”-, estos han sido días de un duelo y un dolor que hace apenas una semana nos hubiera resultado inconcebible. Estos días hemos llorado un chingo, pa’qué. Medios libres, organizaciones sociales, estudiantes, activistas, comunidades, abuelitxs y niñxs hemos velado y llorado juntxs a un gran guerrero. Un luchador social que de a tiro daba esperanza. Es decir, un compa que hacía, tejía y construía día a día esperanza al potenciar y defender, por decir lo menos, el alimento, la comunicación, el cuidado y el aliento común. En el límite del 2016, al ver llegar a CIDECI a lxs delegadxs del Congreso Nacional Indígena, de repente me descubrí alegre y, ya lo decía, esperanzadx. “Imagínate:  todos los Samires de México”, le dije esa vez a mi compañerx. Y poco antes, en diciembre de 2014, el propio Samir había recibido así en Amilcingo al Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo: “Miramos a la tierra que nos da de comer todos los días. No la vemos como el sistema, como una mercancía. Y hoy los morelenses, y eso se lo compartimos al mundo, creo que todos estamos obligados y comprometidos con nuestras generaciones. Quizás por algo nos tocó vivir este momento. Somos afortunados y algo tenemos que hacer (…) Tenemos el compromiso moral de enseñar a nuestros hijos la historia, pero también sus derechos.  Aquí no hay de otra, compas, y así lo vemos los de la comunidad de Amilcingo: o enseñamos a nuestros hijos a levantar la cabeza, a levantar la mirada, o con nuestra omisión les estaremos dando la lección de parar el lomo”.

Así de enorme, digno y entero. Así de grande. Así Samir: un compa que se sentía afortunado y profundamente alegre ante la posibilidad de poder luchar por lxs demás. Por todo ello cala hondo que en esta parte de México, en las mismísimas tierras de origen del zapatismo mexicano, se ose defender que la distancia entre la vida y la muerte sea cuestión de puntos porcentuales. En ese vacío “público” enorme, ominoso y asesino, en esa distancia ahora llamada método democrático que en realidad es la distancia de siempre, siguen avanzando a paso forzado la guerra y el exterminio. Pero en corto y a la vuelta de la esquina, en el trabajo compartido, la alegría y la palabra, mero entre lo que podemos sentir, querer, comunicar y sembrar con nuestras propias manos, mero ahí sigues, Samir. Sigues y sigues y sigues, como te escribió un compa de Jantetelco, ahí cerquita de Amilcingo:

Yo conocí a Zapata en una tarde calurosa mientras indagaba en política y encontré un rebelde. 

Zapata era herrero, campesino, padre de familia y un buen amigo para todos.

Acompañaba a la gente a la hora de comer, saludaba a los pueblos desde el suyo, les dedicaba Mañanitas a los hombres y Golondrinas a los muertos.

Yo canté en su espacio junto con Musito. 

Zapata hacia playeras en serigrafía, él me regaló una.

Zapata sembraba maíz criollo, frijol y calabaza. 

Tocaba la guitarra y era muy alegre y siempre amable.

Zapata iba a mi pueblo en la feria patronal, comía mole y entrevistaba a la gente.

Zapata te recibía en su casa cuando lo buscabas para hablar de algún problema.

Su caballo era de fierro, su sombrero era pequeño, su voz era potente y cargada de verdad.

Zapata me abrazó antes de ir a la escuela y una vez cargué a su hijo tan sereno como él.

Zapata hoy está muerto pero volverá.

SIEMPRE VUELVE…

…mitztemoa noyolo, mostla timotazque…

II. Hacer, enseñar y cumplir (Mayo 2019)

Como nunca ha querido ni ha sabido mantenerse quieto, en estos dos meses Samir ya estuvo con Zapata en Chinameca e incluso fue a ver a don Goyo y lo convenció de ayudar en la lucha contra el PIM. En voz de tres compañeras del oriente de Morelos muy cercanas a él, en los siguientes testimonios palpamos la magnitud de su palabra, de sus acciones, sus sueños y su liderazgo comunitario. Todo ello y una enseñanza –una puesta en práctica- humilde, potente y siempre peligrosa. Una elección de vida que puede definir los pasos y el destino: ser capaz de desobedecer para entonces obedecer a quiénes sí vale la pena obedecer. Dos meses y cien años después, el zapatismo sigue cabalgando. Fracturado, sí, pero con mucho coraje y ganas de hacer realidad y defender los anhelos y las decisiones pactadas en comunidad, como bien lo sabía y hacía Samir en Amilcingo:

 Cumplir nuestras locuras

Todavía nos duele mucho, muchísimo. Más porque fueron 15 años al lado de él. En las buenas, en las malas, compartiendo cosas. Locuras. Muchas locuras que se le venían a la cabeza y que las cumplía. Y que de repente teníamos dos niñas, pequeñas apenas, y que en esas locuras pues también las andábamos jalando a ellas, porque desde que nosotros empezamos a vivir juntos pues esta idea traía, creo que ya es algo que lo traía en la sangre. Y me decía “yo voy a hacer esto”, “y no voy a  dejar que pase esto”, “ “que voy contra el gobierno”…y yo decía “tú estás loco, ¡cómo crees que vas a hacer esto!” Pero no sé cómo me fue envolviendo en sus locuras. Me fue envolviendo.  Mis hijas estaban pequeñas pero asistíamos a marchas. Apoyaba mucho a la Normal de Amilcingo… apoyamos marchas a las que íbamos. Él andaba llevando un pequeño sonido que tenía. Y ahí andábamos con las normalistas. O que había una marcha en Cuautla… y bueno, vamos. Que había que repartir volantes… pues ahí andábamos con mis hijas pequeñas. Y la más grande se ríe porque se acuerda. Andaban pequeñitas y ahí andaban las dos repartiendo volantes. Porque desde entonces él ya tenía eso en la sangre, de defender, de estar ahí. Y como decían las compañeras, la agricultura también. Empezó a descubrir esto de la agricultura orgánica y que había otra forma de cómo cuidar la tierra, de cómo tener una alimentación sana… y bueno, ahí vamos de lleno también con la agricultura orgánica. Siguiéndolo. Y pues era divertido, entre estar ahí haciendo abonos, sembrando de repente con él. Nos reíamos. Y les estoy hablando de la persona, del ser humano que era. Ayudándole ahí de repente … Y pues era muy divertido, aprendimos juntos todo esto de cómo agarrar el amor a la tierra, de cómo cuidarla, de cómo descubrir que hay posibilidades de tener una alimentación sana… y pues enseñarle a nuestros hijos también que la tierra se cuida, y que la tierra también está viva, y que la tierra siente. Y que él sí llevó a cabo esto de Zapata, de que la tierra es de quien la trabaja. Y pues así venimos… Cuando empezamos a escuchar esto del PIM, del gasoducto, de la termoeléctrica, él entonces estaba muy duro con la herrería, y cuando empezamos e escuchar todo esto, y empezaron a llegar los compañeros de Puebla, y a investigar los pueblos por donde iba a pasar el gasoducto, pues yo lo empecé a acompañar …Yo también lo acompañaba. Llegaba la tarde. Llegaban las cinco, seis de la tarde, y pues comíamos y “órale, vámonos”. A Huexca, a Los Limones, que era donde empezamos a llegar. Llega un momento que deja por un momento Huexca. Se regresa a Jantetelco, empieza en Amilcingo …y él decía que todos lo tiraban de loco…porque dónde quiera, en la esquina o dónde le daban permiso, agarraba su audio, agarraba el proyector y a ponerles videos… y ahí la gente pasaba y lo veía… y lo tomaban de loco. O había gente que pues sí se quedaba a ver los videos que se proyectaban. Y así. Después empezó con su locura de poner su radiobocina… y bueno. Empezó con una casa. Y lo corrían de allí. Agarraba y se iba a otra. Por último terminó ahí en donde ahorita está la radio comunitaria. Ahí por fin le dieron chance. Pidió permiso. Le dieron el permiso y bueno, le dieron chance de que ahí quedara la radio, pero al principio pues era radiobocina, en donde comenzaron con otros compañeros. Y yo igual. Se arma todo, empiezan a pedir a la comunidad cooperación para comprar todo lo que se necesitaba:  proyector, micrófonos, todo esto. Y pues la gente sí empieza a cooperar. Se logra comprar el proyector, se instala y pues empieza. Apenas el 6 de enero de este año se cumplieron 5 años de esa radio. De su sueño, porque era su sueño. Entonces pues él era el que daba las noticias. Y era lo que nos enseñaba –y digo nos enseñaba porque nos enseñaba a todos, porque yo también lo  escuchaba en la radio- pues nos enseñaba a reflexionar, a no solamente… él lo que decía “no es lo que yo opine. Ustedes también tienen derecho a opinar sobre lo que escuchan, lo que ven. No se queden con lo que dice la televisión, la radio, también ustedes analicen” Entonces él pues era su sueño. Desafortunadamente este aniversario que cumplió la radio él no pudo estar. Se enfermó. A veces dicen que las cosas pasan por algo. Él en este aniversario no estuvo presente. Se enfermó. Estuvo en casa. No asistió al aniversario de la radio. Asistió solamente al siguiente día, a lo cultural. Y de ahí yo igual seguía apoyándole, porque llegaban de repente varios colectivos… y bueno, prepararles de comer porque los compañeros van a llegar. El orgullo y el gusto que le daba. Que decía que en su cocina, así humilde como era, como es, a él le gustaba decir “aquí han venido a comer de varios sabores y colores” Ese era su gusto. Sentía gusto recibirlos en su casa. Brindarles comida. Lo que teníamos en casa. Y de repente nos platicaban las vecinas: “¿cómo le haces? ¿Cómo le haces para darles de comer?” Y decía él: “no, así como los ven, que son de otro país, que a lo mejor no son de aquí, ellos son sencillos, son personas que son igual que nosotros, que comen lo que se les ponga en la mesa. O sea son gente igual que nosotros. No les doy comidas extraordinarias ni tampoco…yo les pongo en la mesa lo que yo tengo”. Y así fue también como yo empecé a entrar en todo esto. Empecé a ayudarlo. Así fue como pasamos muchas cosas. Que me enseñó también muchas cosas él. De repente entre estas cosas y aquellas entrábamos en debate. Ahí en pláticas entre el machismo y el feminismo y todo, ¿no? pero él estaba aprendiendo también toda esta parte. A dejar a un lado ese machismo, a aprender también que no solamente es ser machista ni tampoco es ser feminista. Estaba aprendiendo muchas cosas. Y también tenemos mucho coraje por lo que pasó. Hay una impotencia porque pues no pudimos en ese momento hacer nada… porque hasta ahorita no sabemos ni quién fue. Y da mucho coraje porque fue gente cobarde. Que él no tenía arma. Su arma era pues el ponerse ante ellos y contestarles y que ellos no le pudieran debatir. Ellos se quedaban sin palabras, ¿no? Porque no le podían debatir. No podían contra la razón. Porque él tenía mucha razón cuando hablaba. Y como decía, muchas de su conferencia o en donde él asistía, él defendía la vida, no solamente de su pueblo, de los pueblos, sino de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. Entonces creo que él se fue contento por muchas cosas que logró, pero pues sí todavía le hacía falta mucho. Por seguir aquí, por hacer. Creo que todo esto se tiene que pagar, y sí pedimos justicia por este crimen cruel, cobarde, porque aquellas personas que lo hicieron, pues como decía, ojalá y esas personas que se atrevieron a ir hasta allá y hacer lo que hicieron, pues no tengan familia. No tengan madre, no tengan hijos, no tengan esposa, porque pues el dolor es muy grande. El dolor y la rabia. El coraje es muy grande. Y pues pedirles igual que sigan luchando, que pues no dejen que todo esto aquí acabe, y que creo que lo que siempre hemos dicho, que la persona muere cuando nosotros lo olvidamos, y que entonces pues no lo olvidemos, que siempre lo recordemos así como la persona que fue… esa persona que andaba con huaraches, con su morralito, con su sombrero. Así: sonriendo. Siempre alegre. Que de repente decían las compañeras allá en Amilcingo: “es que en su fotos siempre está serio”… es que de repente iba a conferencias pues obviamente tenía que estar serio, pero en sí siempre fue muy sonriente, siempre fue muy alegre y siempre le gustaba echar relajo con todos. Él siempre fue de ese humor. Y aunque llegaban de repente mensajes a la radio pues él no les tomaba importancia. Siempre era sí reírse y tratar de ignorarlos y no hacerles caso. Decía: “porque entre más les hago caso pues ellos más van a sentirse y más van a seguir; no pues así que les de coraje. Para que más les de coraje pues mejor me rio”. Eso era lo que él hacía. Reírse de las cosas, de los mensajes que de repente le llegaban a la radio difamándolo. Lo que hacía era reírse. Reírse y pues no hacerles caso para que esto pues también no le afectara. Es lo que les puedo compartir de este gran hombre que estuvo a mi lado muchos años.

Enseñar y hacer demasiado

Duele todavía. Duele demasiado. Nosotros también en la comunidad de Huexca conocimos a Samir …vamos a hacer siete años que conocimos a Samir. Él llegó casi en ese tiempo. Recuerdo mucho el 15 de mayo de 2012, cuando llegaron los compañeros, no sólo Samir sino también Juan Carlos y Jaime. Y llegaron allá a la comunidad a informar que es lo que iba a acontecer en nuestra comunidad. De ahí conocimos a Samir. A algunos nos daba risa porque entre dos hombres altos y fornidos se encontraba un niño, ¿no? Porque para nosotros eso era. Porque parecía un niño. Con su morralito. Y hablaron los compañeros. Y cuando le tocó hablar a Samir nos sorprendió demasiado, porque él nos decía que era de una comunidad de Amilcingo. Nos hablaba muy humilde, pero sus palabras eran de una palabra muy sabia. Cuando empezó a hablar todos empezaron a decir “es una farsa, éste no es campesino, éste viene disfrazado. Éste es un abogado, ¿Cómo puede ser que un campesino hable así? Un campesino no puede hablar así” Con el paso del tiempo… los compañeros estuvieron ahí mucho tiempo. Ese día iniciamos una asamblea y terminamos diciendo que íbamos a parar una obra, una obra de un proyecto integral Morelos. Y ellos se quedaron. Se quedaron allí. Ahí durmieron. Ahí se hizo un paro a las 7 de la mañana. Ellos ya estaban en la iglesia, para el acuerdo que había tomado el pueblo. Y de ahí no soltaron Huexca. Luego de repente decía Samir “pues voy a mi casa y regreso porque mi esposa está embarazada, tengo que ir a ver cómo está, y cómo están mis niñas”. Y nos sorprendía demasiado. Porque dejó todo para luchar con Huexca. Y eso es lo que nos duele más, que nos hayan arrebatado a un compañero que nos enseñó demasiado. Me enseñó muchísimo. Ya después de muerto créanme que nos sigue enseñando el compañero Samir. Nos duele y estamos encabronados, sí, pero más que encabronados estamos muy dolidos y muy fracturados. Y nos hacemos muy fuertes ante la familia, los amigos, pero en mi caso llega la noche y no puedo dormir. Y estoy pensando nada más qué es lo que va a pasar, qué es lo que vamos a hacer. Cómo nos vamos a cuidar. Cómo vamos a sacar adelante esta lucha. Porque ya no puedes dormir, te quitan hasta eso. La tranquilidad. Y no de miedo, no. No tenemos miedo, sino de pensar que ya hay logros, como Amilcingo que lograron su escuela, y que el compañero no está. Y que nos hubiera encantado demasiado haber festejado con él. Y que hoy viene este premio de Don Sergio Méndez Arceo, y que me hubiera gustado que el compañero Samir hubiera estado en la entrega de ese reconocimiento. Pero va a estar. Sí va a estar, pero lo que duele es que no lo voy a ver. Y creo que siempre, se lo dije a Samir, yo como Huexca le debo mucho a Samir. Cuando hubo problemas en la comunidad de Amilcingo yo tenía que asistir aunque no asistieran los demás compañeros, porque yo me sentía muy comprometida con Samir. En la última asamblea, cuando decidieron a usos y costumbres ganar su ayudante yo estuve ahí. Esta vez no pude estar ahí.

Hemos olvidado y yo también no puedo recordar el ultimo día que vi a Samir, que fue cuando llegó el presidente al Almeal. Hago recuerdo y no puedo recodar al compañero. Sé que estuvimos ahí porque ahí fotos, hay videos. Pero no lo recuerdo… y eso no me deja dormir porque no puedo recordar al compañero Samir. Tuve un sueño con el compañero Samir y decimos todos, y de verdad Lili que me lastima demasiado, pero todos decimos “Samir se fue contento porque en la caja estaba contento”. ¡No, señores! ¡Samir está encabronado! Y está tan encabronado pero muy encabronado porque él tenía mucho para dar. Él no tenía por qué haber terminado así. Y sé que Samir ahí está. Y está dándole duro en esta batalla. Y le va a seguir dando duro. Y los que lo asesinaron creyeron que con asesinarlo se iba a acabar todo; pues se equivocaron. Hoy, la rebeldía de los pueblos está más cabrona. Estamos indignados y vamos a seguir luchando porque ésta rebeldía es una rebeldía revolucionaria. Y vamos a seguir adelante y esto no va a parar, porque Sami, así como lo vean, una locura o lo que ustedes quieran creer, pero Samir va a regresar. Y entonces sí que se agarren aquellos porque Samir va a regresar, compañeros. Yo no sé cómo, pero Samir va a regresar, porque él siempre así fue. Y sí: está muy encabronado.

Y pues también, hablando del zapatismo, creo que el zapatismo no ha terminado ni va a terminar jamás. El compañero Samir fue un Zapata más. Y sigue siendo y lo va a seguir siendo, así pasen los años… porque cuando uno tiene el ideal y tiene muchas ganas de luchar, ahí está el zapatismo. Cuando pensamos en el bien común y no en el bien personal, ahí está el zapatismo, ahí está el revolucionario, no sólo el rebelde, porque nosotros creo que no sólo somos rebeldes, somos revolucionarios. Y no tenemos armas para combatir, pero tenemos las palabras, tenemos la verdad, que contra ella aquellos grandes no pueden. Y que por más que han querido callarnos con balas, con golpes, con desapariciones, no lo han podido hacer, compañeros. Y al contrario, todo esto se va haciendo más fuerte y más fuerte. Y así tenemos que hacerlo:  siempre unidos, siempre abrazados, siempre fortalecidos, porque si no nos fortalecemos entonces no vamos a logar el futuro para mañana para aquellos niños, para aquellos que todavía no nacen. Tenemos que luchar y tenemos que seguir adelante. Creo que ya no es justo. Creo que tenemos que cambiar y tenemos que unirnos todos, pero de verdad tenemos que llegar a esa unión. Invitemos a más gente. Vayamos y llevemos todo esto que se está escuchando, lo que sienta su corazón, compañeros. Lo que realmente crean en su alma, porque si ustedes no lo creen, ¿cómo lo van a transmitir a los demás?

Llevar a cabo nuestra libertad

Hablar de Samir es hablar de muchas cosas. Y pues pienso en todas las enseñanzas que nos dio, todos los ángeles que tenía Samir. Los demonios. Las acciones. Los sueños. En estos días…no recuerdo cuando fue la primera vez que vi a Samir ni la última. Decir “ah, fue en este momento”. Mi mente me juega raro en ese sentido. Pero recuerdo la primera vez que estuve en la casa de Samir. Eso sí lo tengo muy fijo. Fue hace más o menos diez años. Y después lo recuerdo trabajando en la herrería. Como siempre: muy clavado en la herrería, con su familia, sus hijas, su esposa. En ese tiempo estaba con toda la cuestión de la agricultura orgánica. Él sembraba todo orgánico. Armaba toda la cuestión de fertilizantes, el abono, en todo eso estaba. Entonces bueno, cuando pasa todo lo del PIM, Samir me abrió la comunidad. Y entonces pues con él conocí Amilcingo. Me abrió las puertas a lo más profundo de Amilcingo. Y pues con él recorrí Amilcingo en una moto. (…) Me abrió la radio. Con Samir di noticias muchos meses, todos los días. Y en las noticias era muy divertido porque siempre hablábamos o empezábamos hablando de comida. Era la hora de la comida y era algo que no se podía evitar. Y aparte pues hablábamos del gobierno, de las acciones de los gobiernos, de lo que pasaba en la comunidad, de lo que pasaba en otras comunidades. Y a partir de ese programa y mi intervención en la radio también fue que conocí mucho más Amilcingo y los pueblos cercanos y los pueblos de Puebla. Y después en la asamblea comunitaria, en todo lo que se ha hecho en la asamblea comunitaria contra el PIM, pero pues también la lucha por el respeto a los usos y costumbres. La radio. La escuela. Y bueno siempre fue esa constante. Yo siempre digo que yo he tenido muchos maestros. Muchos en la universidad, pero siempre he dicho que uno de mis mejores maestros fue Samir. A mí Samir me enseñó muchísimas cosas. De los pueblos, de cómo escuchar a la gente, de como siempre tener ánimo y la cuestión positiva: no siempre pensar en lo negativo sino pensar como poder salir adelante. Siempre fue una de las grandes enseñanzas que siempre agradeceré y nunca olvidaré de Samir. Y además todo lo que permitió, de sentirme parte de Amilcingo, que Amilcingo me sintiera parte de él, y ahora pues ser parte de una comunidad e incluso avanzar tanto que mi vida pues también está ahí.

En esto relacionado a la cuestión del zapatismo y Amilcingo, decir que justo en Amilcingo muchos de los abuelos son los que lucharon en el zapatismo, y que justo ahora sigue esa lógica, porque con el zapatismo lo que se vivió es que el zapatismo no se esperó a ganar la revolución para llevar a cabo todo lo que se había planteado en el plan de Ayala y en la ley general de libertades municipales. El zapatismo lo llevó a cabo a cada paso que daba. Cada paso que daba repartía las tierras. Cada paso que daba se ponían de acuerdo sobre cómo organizar la vida en común. A cada paso que daba ejercía la libertad que tanto se buscaba. Y en Amilcingo pasa algo así. En Amilcingo, cuando se desconoció a las autoridades, Amilcingo puso a las autoridades y vivió el gobierno que decidió el pueblo. Cuando Amilcingo decidió poner una radio no esperó que le diera permiso IFETEL ni nadie y tenemos una radio. Cuando Amilcingo decidió regresar a sus usos y costumbres y elegir a las autoridades en la Asamblea a pesar de que nos negó la presidenta municipal y el gobierno nuestro derecho a eso, de todos modos se hizo y se decidió en Asamblea y vivimos en un gobierno de usos y costumbres. Y un año después el tribunal nos dio la razón. En Amilcingo, cuando se dijo que la escuela no servía, que se tenía que trasladar, Amilcingo decidió que no importaba y que la escuela iba a quedarse allí, y durante diecisiete meses tuvimos una escuela autónoma con el apoyo de los maestros solidarios y de todo el pueblo. Allí está el zapatismo. Allí está la herencia de los pueblos. Algo que hay que rescatar siempre: la desobediencia de los pueblos. La desobediencia a la imposición. La desobediencia al poder. Y la obediencia a lo que dice la Asamblea General. La Asamblea General es la que decide, la que lleva a cabo las acciones y la que mantiene la decisión. Por eso Amilcingo es tan fuerte. Porque no es que Samir decidiera solo y dijera “vamos a hacer esto”. Era que Samir ponía, junto con otros, propuestas en una asamblea, como cualquier persona podía hacerlo, y en la Asamblea se decidía si sí o si no y lo que se decidía se defendía hasta con la vida. Y así es en Amilcingo. Y por eso nos friegan tanto. Y por eso mataron a Samir. Y por eso están en contra de este pueblo, porque Amilcingo ha decidido tener esta libertad, llevar a cabo esta libertad que durante tanto tiempo se ha decidido. La libertad de 1910 tiene que ver ahora con el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos, el derecho a decidir qué futuro queremos, como queremos vivir en colectivo, cómo queremos usar nuestro territorio … y esa es justamente la enseñanza de este pueblo. Y Samir lo sabía. Samir sabía que era muy importante desobedecer. Samir siempre nos dijo: “hay que desobedecer, compas”. Y tanto nos lo dijo que se la aplicábamos después. Porque luego Samir quería hacer algo y la Asamblea decía “no, vamos a hacer esto”. O luego la Asamblea lo regañaba también. Y eso es lo importante. Los líderes que llegan a mandar, a decir qué hacer y a decir cómo pensar, esos líderes no sirven. Los líderes que nos enseñan a pensar, no a qué pensar sino a pensar en el sentido de ser críticos, analizar, revisar muchas cosas. Lo líderes que nos dicen “la decisión es de todos”. Los líderes que nos cuestionan cuando no queremos participar. Nos dicen “ándale, tú puedes”, “y ándenle, compañeras”. A Samir también le preocupaba mucho eso de las compañeras, que hablaran, que participaran, los jóvenes. Esos son los buenos líderes, porque son los líderes que construyen comunidad. Los líderes que saben que todos somos importantes más no indispensables. Y Samir lo sabía. Y por eso trabajó mucho con todos. Para que todos tuviéramos esta capacidad de ver, pensar, de actuar. Diría la vieja escuela de la teología de la liberación: el ver, pensar, actuar. Pues Samir de alguna forma también lo hacía. Eso es lo que ayudó mucho a construir comunidad. Había una comunidad en Amilcingo, claro que sí, pero a partir de todo este movimiento ya no sólo éramos comunidad, sino también en la Asamblea somos familia. Por supuesto todos somos familia: hay primos, sobrinos, hermanos, pero algo en la Asamblea siempre nos ha hecho sentir que somos familia. Y esa es la fortaleza de Amilcingo. Yo la verdad es que… la verdad es que estamos bien encabronados. Estamos bien tristes, pero también estamos bien encabronados. Lo que pasó con Samir es una forma de que el sistema capitalista, que estos malos gobiernos, que estas empresas, que estos grupos de choque que se han creado, es todo para amedrentar a los pueblos. Claro que fue contra Samir, pero también fue contra Amilcingo. Y fue contra todos los pueblos de Morelos que han decidido luchar y desobedecer. Y es un mensaje que ellos nos mandan de que tengamos miedo. ¿Pero saben qué está pasando? Qué no. Amilcingo no tiene miedo. Y que está siguiendo con la chamba, y que muchos pueblos también tienen que seguir. Porque el día que permitamos que el miedo nos detenga, pues entonces entra el terror y ya no hicimos nada. Por eso no hay que tener miedo. Hay que sentirlo, pero hay que controlarlo. No podemos dejar de sentirlo. También ayuda para correr cuando se necesita, pero no siempre hay que correr: también hay que unirnos todos. Entonces por eso lo hizo el gobierno, por eso lo hicieron las empresas, por eso lo hizo este sistema, porque todo aquel que se atreve a desobedecer debe ser castigado, pero aún así hay que seguir, compas. Aquí en esta sala veo mucha gente que en otros momentos ha luchado, que lleva décadas luchando. Veo nuevas generaciones que pueden seguir con la lucha. Y veo generaciones más chiquitas que también les va tocar. A todos nos toca y la chamba es de todos. Samir dejó un ejemplo, pero el ejemplo más claro y la forma de hacerle honor a Samir es seguir luchando, es seguir organizándonos. Aunque no seamos de un pueblo, hablar con nuestros vecinos por lo menos. Conocernos, cuidarnos, es la forma de seguir avanzando. Si queremos hacerle un honor a Samir, si queremos realmente reconocerle su trabajo, la mejor forma es chambear. No sólo las palabras, compas. Siempre Samir lo dijo: las acciones. Y para cerrar, quisiera comentarles que, como Zapata dicen que anda cabalgando en las montañas con su caballo blanco, bueno pues los pueblos ahora están diciendo en Puebla, y ahora me están diciendo que en el propio Amilcingo algunos niños, que lo que pasa es que Samir ahora se fue a ver a don Goyo, y que como no puede estar quieto… Samir nunca pudo estar quieto, siempre era estar pensando qué sigue y hacer cosas, y como yo estoy segura que sí, como era de siempre estar pensando qué hacer, pues estoy segura que sí, que ahora en el plano que está estoy segura que sí, que fue a hablar con don Goyo y le dijo que nos hiciera paro, y por eso don Goyo esta ahora como está. Y así como Zapata anda en las montañas con su caballo blanco, pues Samir anda por ahí, con sus huaraches y su sombrero.

Audio: Samir Flores haciendo y defendiendo la comunicación y la vida comunitaria, animando y compartiendo las labores y la alegría  cotidiana en su comunidad y recibiendo a la banda nacional e internacional en Resistencia y Rebeldía contra el Capitalismo. Amilcingo, Morelos, antes y de aquí pa’lante (4:00 min) (Audios vía MediosLibresMX)

Meu nome é África

Desde Maputo, Mozambique, Xisto Fernando nos comparte sus poemas “Viúvas do Cabo Delgado” y “Meu nome é África”. En los sonidos ambientales escuchamos a las cantadoras y tamboreros de Mafalala, a la “Timbila Ta Gwevame” de Manduca, en el inicio de Matola, y al proyecto de Hip Hop Jazz Experimental “Dos Quarteitos Mais Um (2/4 +1)”. Valeu, Xisto!! Mozambique, agosto de 2018.

 

Apuntes sobre nosotrxs, la propuesta y la tormenta

16 de abril del 2018

¿Cumplimos o no cumplimos?

Tras la incursión al espacio de la democracia electoral permitida y promovida por el sistema político institucional, ¿cumplimos o no cumplimos?, ¿terminamos en lo mismo o realmente hicimos otra cosa? Así la pregunta, la reflexión, la autocrítica, el verdadero examen y el espejo propuestos por el EZLN en voz del SubComandante Insurgente Galeano en el primer día de charlas del conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿Prohibido pensar?”. Con esta invitación ha iniciado este lunes 16 de abril en el CIDECI-UNITIERRA de San Cristóbal la valoración colectiva de la etapa en la cual el Concejo Indígena de Gobierno intentó contar con una vocera que participara como candidata en las elecciones presidenciales de este año. Algunas de las primeras respuestas compartidas fueron: “Faltará en la opinión pública el nos están matando”; “Se logró un importante avance pues se construyó, reinstaló y amplió un auténtico espacio político que abre el camino y el horizonte de los pueblos”; “Tal vez como experiencia estuvo buena, pero debemos cuidarnos de no repetirla”; “Sabemos muy bien que nuestros sueños no caben ni cabrán jamás en sus urnas, en cualquier tipo de urnas”; “Nosotros decimos que no legitimamos al sistema sino que lo desnudamos” o “La verdad, hicieron un desmadre”.

A la par de éstas y las próximas reflexiones sobre la recolección de firmas como pretexto para generar organización colectiva autónoma -–el SubGaleano incluso declaró que ellos pensaron que a lo mucho se obtendrían 100,000 firmas y que de ellas quizás 10,000 personas entenderían la propuesta–, en el primer día de este nuevo “semillero” sobresalió lo que en su momento era la agenda secreta del zapatismo. Al contarnos el origen y el camino para preparar el Primer Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan, las compañeras de base y coordinadoras de los cinco caracoles zapatistas, así como Mercedes Olivera, Margara Millán, Silvia Marcos y María de Jesús Patricio Martínez, trazaron veredas sobre cómo pensar y hacer hoy, juntxs y desde abajo, una transformación radical, ese “caminar que va lento, de lo pequeño a lo mayor, se va apropiando del territorio, tiene reglas desde el trato hasta lo que se produce y lo que se consume, se burla del dinero, reencuentra el juego, el espacio de la fiesta, se niega a la victimización, distribuye y disemina el poder y es siempre atento al poder de las estructuras de género”.

Entonces, ¿valió la pena el reciente esfuerzo al que fuimos convocadxs? A decir de Marichuy, en el CIG-CNI querían promover el poder y la organización desde abajo. El recorrido fue con esa finalidad y les dio gusto encontrar organización en los lugares donde imperaban el dolor, el despojo, la criminalización y la división comunitaria impuesta por los partidos políticos. “Más que ir nosotros a decirles, aprendimos mucho. Y yo creo que eso nos va a servir mucho al CNI. El recorrido fue un primer paso de muchos que se avecinan. Vamos a seguirle porque hay mucho qué hacer. Sigue lo que sigue. No podemos pensar que ya no la hicimos, sino que tenemos que seguir fortaleciendo los trabajos que hacemos de por sí. Falta mucho por hacer”, sintetizó Marichuy. A las preguntas zapatistas de los últimos años –¿Valió la pena el esfuerzo? ¿El trabajo generó organización o no? ¿Somos más grandes en horizonte (que no en número) y en capacidad? ¿Cumplimos o no cumplimos?– Marichuy respondió “Cumplimos”, pero acaso el auditorio del CIDECI se inundó con la sensación de que quedaron y quedan pendientes muchas más respuestas en muchxs otrxs lugares.

 17 de abril del 2018

 ¿Reforma? ¿Revolución? ¿Sobrevivencia?

Hace unas semanas, en pleno Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan, las compañeras zapatistas de la época clandestina explicaban a las jóvenes zapatistas que su legado consistía en heredarles la posibilidad de vivir luchando. Esta tarde, los zapatistas volvieron a enfatizar que, más allá de los enredos entre el supuesto dilema “firmas u organización” y la gigantesca discusión del siglo pasado sobre “Reforma o Revolución”, la “categoría” contemporánea, la mera realidad y la mera urgencia de hoy es, literalmente, la lucha por la vida.

En el inicio del Conversatorio, al seguir abordando lo que lxs zapatistas llaman el “Efecto Marichuy” en el Encuentro de marzo en el caracol de Morelia, el Sup Galeano evocó que las compañeras zapatistas esperaban conocer a las mujeres de afuera porque, como en las ciudades las atacaban más, seguramente estarían mejor organizadas que ellas para poder estar vivas. Esta preocupación vital, que puede sonar a límite pero también puede ser potencia imaginativa y práctica, se trasladó al resto de la jornada cuando el EZLN, en voz del Sup Galeano, explicó que según su mirada el Capitalismo ha decidido no permitir más respiros (gobiernos progresistas) e intentará conquistar todo y destruirnos a todxs. Es por ello que la apuesta no es “Reforma ni Revolución, sino Supervivencia, es decir Resistencia y Rebeldía”. Allí él probable efecto Marichuy: las ganas de trabajar por la vida no sólo con la palabra, efecto que ojalá germine también no sólo dónde ya existe la tierra fértil de la organización autónoma.

Alicia Castellanos, Carlos Aguirre Rojas, Gilberto López y Rivas y Alejandro Grimson se sumaron a la marea de reflexión, teoría, historia política y esfuerzos comunes en América Latina. Por ejemplo, Alejandro explicó que vale la pena celebrar si se cambian las torturas militares por elecciones o se aumentan los salarios, los hospitales y las escuelas, pero recalcó que la lucha central es, sobre todo, “incrementar cualitativamente las autonomías de nuestros actores, donde tengamos la ambición de erosionar esos poderes inmensos que parecen inconmovibles y que sólo pueden ser movidos con fuerzas políticas y sobre todo culturales que apunten a cambiar el mundo cada día”; y Alicia Castellanos resaltó que se está consolidando en México una identidad política de apoyo a los pueblos originarios capaz de trasladar e inscribir sus palabras y formas de vida a nuevos oídos, artes, espacios públicos, redes de apoyo, colectividades e irrupciones políticas.

Si, como evocó Gilberto López y Rivas, es en la participación de lxs de abajo de donde proviene la esperanza real de cambiar el mundo, la tormenta añade a la utopía de siempre una variante en sus reglas del juego: para poder disentir o elegir opciones es necesario mantenerse primero con vida. A golpes de realidad, esta variante cada vez está haciendo más explícitos los cambios y las dificultades de imaginar, organizarse y hacer política en esos abajos señalados por Gilberto, quién además concluyó que, pese a todo, toca “darle duro, sin confusiones ni derrotismo; y el que quiera criticar, primero que trabaje”.

 18 de abril del 2017

¿Y la posibilidad de que ganemos es casi nula?

A pesar de haber estado con Ramiro Pedraza a la altura del vuelo y las victorias de Tobías en su comunidad Oaxaqueña y en Barcelona, en el Conversatorio de esta tarde Francisca Dacosta inició su presentación confesando que se sentía “especial de estar sentada con personas que no me imaginaría jamás, siendo tan chaparra y tan joven”. Quizás sin darse cuenta, Francisca repetía la metáfora del protagonista de su documental, un niño zurdo triqui capaz de escurrirse entre rivales más grandes en centímetros pero menos hábiles en determinación, alegría y serenidad. Y minutos después, cerca de ella, Juan Villoro reiteró que el documental Tobías bien que también podría ser una metáfora de la lucha zapatista, pues ésta es capaz de ganar partidos aún siendo más débiles que los rivales. Aunque las posibilidades de ganar quizás parezcan más nulas que nunca, esta tarde Esperanza y Defensa Zapatista dejaron el balón del equipo Yavamosasermásderepentedilataperosívamosasermás en manos de Marichuy, y encargaron al SubGaleano lanzar la invitación a las brujas escarlatas zapatistas de México y del mundo de completar el equipo.

Para muestra, chaparrita y todo, Francisca justo concluyó su participación con la frase: “Espero que esta película de alguna manera les dé un orgullo y una fuerza para salir a luchar y romperles la madre”. Fuerte, clara y rabiosa como mucha de la pandilla hip-hoppera de Somos Lengua, el segundo documental de la tarde presentado por Kyzza Terrazas, quién además contó que echó a despegar sus sueños y las ganas de crear tras asistir al Encuentro Intergaláctico por la Humanidad y contra el Neoliberalismo de 1996. En ese poder nuestro que sobrevive, grita, protesta y resiste alto en Gomitoz, Juarez, Aguascalientes, Guanatos, Sancris, Monterrey, Torreón, el Monstruo y donde sea que suenen los nuevos rapsodas que a decir de Juan Villoro logran poner en movimiento una vida cotidiana conectada con mensajes zapatistas como la exaltación de la resistencia, la solidaridad, el grupo y la palabra, en ese poder se aloja la salida al mundo tazado, arrasado y derruido retratado por Everardo González en La libertad del diablo, el último documental de la noche. Ante ese fin del mundo que ya está ocurriendo, uno de los MC’S capturado en Somos Lengua sintetiza magistralmente que escribe para que la muerte no tenga la última palabra. Y es así que con las brujas escarlatas zapatistas (mujeres cuyo superpoder consiste –aclaró Galeano– en alterar las posibilidades de que ocurran acontecimientos improbables pero no imposibles) ya está listo el equipo. Y ahora falta lo que sigue: escurrírsele y hacerle frente a las posibilidades de ganar.

  19 de abril del 2018.

¿Y entonces, quiénes?

En su segundo turno a la palabra, la joven concejal tsotsil Lupita Vázquez inició el recuento de su experiencia de los últimos meses con una aparente contradicción que suena a ejemplo de las avenidas hacia la libertad evocadas por Paul Theroux al conocer hace unos días el caracol de Oventik: “He aprendido mucho y al mismo tiempo no he aprendido nada”. Jaime Martínez Luna señaló que nunca entendió la propuesta pero le había dado gusto darle su firma a Marichuy y, poco antes que ambos, Fernanda Navarro compartió su incredulidad para explicarse por qué no se había logrado entender en todos los rincones de este país tan herido una propuesta tan inédita e incluso más fuerte que el “Ya basta” de 1994, aunque adelantó que quizás ahora, sin el maldito reloj del INE, es cuando realmente ella arrancará. Y la Comisión Sexta del EZLN, en voz del SubGaleano aportó dos guías decisivas a la valoración colectiva de esta tarde: en los comunicados del CIG y el CNI sobre la propuesta nunca se alojaron meses sino décadas y, a diferencia de 1994, esta vez la convocatoria a hacer frente a la guerra no es excluyente sino incluyente.

Esta tarde, las dudas sobre la posibilidad de ganar el partido quizás se volvieron miradas, pensamientos y preguntas sobre el campo de juego y sobre quiénes han desdeñado o temido no ya firmar sino entrarle al partido. Por ejemplo, Lupita contó que a los concejales solían pedirles carreteras o preguntarles si las comunidades podían formar parte del CNI aunque recibieran apoyo económico del gobierno; Jaime Martínez Luna contó que suele preguntarse a cada rato si en Oaxaca realmente mandan las más de 8 mil asambleas comunitarias y los 417 municipios libres o en realidad lo hace el gobernador en turno; y la abogada Erika Bárcenas, que con el colectivo Emancipaciones ha protegido y acompañado el proceso autonómico de Cherán los últimos siete años, indicó que el Estado no es un ente monolítico sino fraccionado e incoherente al que se le pueden hallar –en su caso desde el Derecho– suturas y oportunidades para la transformación social.

Para no perderse en ese piso hoy tan rojizo y minado, Jaime Luna explicó con su voz de pie, con rabia y con coraje, que necesitamos ratificar, reconocer y respetar lo que somos: seres comunales –¡y no individuos!– a quienes nos han roto y oscurecido; y Lupita indicó que algo a lo que le tenían mucho miedo era a caer en el juego de los partidos políticos, a decir “yo mando” o “yo soy tu ejemplo”. Aquí, el punto de encuentro con Jaime (mantenernos juntxs trabajando-en-movimiento por la reciprocidad) fue sorprendente: la lucha es, había dicho Lupita, “(…) para que nadie sea más ni nadie sea menos. Todos somos iguales. Que nadie sea superior ni esté por encima de nadie (…) No lograrán exterminarnos mientras tengamos fe en nosotros mismos y trabajemos y resistamos (…)”.

Más tarde, para cerrar la jornada del 19 de abril que había iniciado con un violento desalojo de profesores en San Cristóbal (desalojo tras el cual varios niños de primaria y preescolar sufrieron daños por los gases lacrimógenos) y con la denuncia de la desaparición forzada del concejal Catarino Aguilar Márquez y el comunero Noé Aguilar Rojas en Azqueltán, Jalisco, a manos de un grupo armado, con la convocatoria abierta al partido decisivo de la supervivencia como marco de fondo, el EZLN en voz del SubGaleano trajo a cuenta una larga cita que no es del Che sino de Al Pacino, Oliver Stone o alguien más. Con ella los zapatistas dijeron describir lo que es no sólo su vida sino la de cualquiera:

“Estamos en el fondo del infierno, podemos quedarnos ahí o podemos luchar para salir a la luz. Luchar por escalar cuesta arriba, pulgada por pulgada, una por una, uno aprende que la vida es eso… que la lucha es por esa pulgada, y esas pulgadas que necesitamos por escalar están por dónde quiera alrededor de nosotros. Están en cada minuto, en cada segundo. Aquí luchamos por cada una de esas pulgadas. Aquí nos hacemos pedazos a nosotros mismos ya los que nos rodean por esas pulgadas. Arañamos y nos aferramos con las uñas por esas pulgadas porque sabemos que cuando sumamos todas esas pulgadas eso es lo que hace la puta diferencia entre la vida y la muerte, y les digo que en cualquier lucha es quién esté dispuesto a morir por esa pulgada quién la va a conseguir. Y si estoy vivo es porque aún estoy dispuesto a luchar y morir por esa pulgada, porque eso es vivir, y o lo hacemos en colectivo o moriremos como individuos”

“Así nos tocó”, concluyó el SubGaleano.

“Y pues creo que es todo y tomé de más el tiempo porque luego cuando agarro confianza ya no paro, muchas gracias”, concluyó la jóven concejal tsotsil del CIG Lupita Vázquez, quién antes ya había adelantado: “Lo que nosotros queremos que siga es lo que todos queramos, no lo que los compas quieran ni lo que el Concejo Indígena quiera que siga ni lo que el CNI quiera que siga, sino el pueblo, ¿qué es lo que quiere que siga?”

¿Entonces quién se animará a jugar? ¿El pueblo tan evocado todos estos días, meses y décadas? ¿Nomás lxs zapatistas? ¿Quiénes, pues?

 20 de abril del 2018.

¿Juntxs ante el colapso?

Si alguien aún creía que la tormenta era apenas una metáfora, una muy filosa y oscura pero soportable, esta tarde los compas Zapatistas la volvieron explícita al traer al Conversatorio la valoración de Carlos Taibo en su libro “Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo”. Si ya estamos en camino a un colapso terminal de la humanidad –es decir que no tenemos ya la posibilidad de frenar o modificar la suma apocalíptica de todas nuestras crisis– lo que sigue es organizarse para formar parte del probablemente estrecho margen de sobrevivientes de la segunda mitad de este siglo. A diferencia de los productores del Colapso, que saben de él hace mucho y han decidido acelerar la reducción del margen de sobrevivientes, Cristina Rivera Garza, Jorge Alonso, Irene Tello, Mónica Meltis y Carlos Mendoza compartieron esta tarde sus experiencias para intentar esquivar el abismo: articulando narrativas y procesos de trabajo que más bien reaccionan ante el horror fortaleciendo el de por sí humilde, espiritual y poderoso impulso de proteger a lxs compañerxs de viaje. “No nos estamos preparando para un período electoral sino para el apocalipsis. No es lo mismo organizarse para una elección, para tener un voto, que para hacer frente a un mundo como el que ustedes han narrado. A nosotros lo que nos interesa es que la gente viva. Si es antizapatista no hay pedo pero que viva”, agregaron los zapatistas en una de sus comparticiones más de corazón, directas y sinceras de los últimos encuentros.

 24 de abril del 2018.

¿Un nosotrxs sin México?

Esta tarde clara en el auditorio del CIDECI, Néstor Quiñones ha explicado que llevamos por dentro una batalla ardua entre pulsiones ya sea destructivas o impulsivas hacia la vida. En el arte, explicó, nuestras sumas de obsesiones, deseos y dolores toman partido por alguna de estas opciones: lo sano (optar por la vida) o lo patológico (optar por morir). En Los Adioses proyectados de Natalia Beristáin, habíamos visto a Rosario Castellanos reencontrar a su pareja, jugar entre las sábanas e intentar desnudarse aunque al final se arrepentía y se cubría el cuerpo. “Me cuesta trabajo estar desnuda frente a ti”, le explicaba a un señor Guerra incapaz de contener su impulso creativo, de controlarla y de poseerla. “¿Sabes cuál ha sido tu problema siempre? Sientes mucho todo”, intentaba articular y justificar sus impulsos e incapacidades este señor Guerra protagonizado por Daniel Giménez Cacho, quién tras presentar un cortometraje sobre la búsqueda de Salomón Aceves, Jesús Díaz y Marco Ávalos, los estudiantes de cine desaparecidos desde el 19 de marzo pasado cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido sulfúrico según declaró este lunes 23 de abril la Fiscalía de Jalisco, protegió y exaltó que el Arte tiene la enorme y particular belleza de conseguir mostrar las heridas sin caer en la victimización, de provocar la escucha activa -dejarse tocar por el otrx- y por lo tanto de hacer el amor, ese “querernos como resultado de ir hacia el otrx”, ese querer desnudarse y brindarse que tanto quería Rosario pero el México de hoy, vencido por su impulso patológico, quiere incluso disolver. Por ello, Yásnaya Aguilar irrumpió en el auditorio del CIDECI como un huracán dispuesto a sanar las heridas y la enfermedad contemporánea de la muerte con el irreductible y originario remedio de la libertad. Si tomamos la domesticación del maíz como nuestro origen, lo alusivo a lo indígena apenas haría referencia a 200 de los 9,000 años transcurridos desde entonces, pues esta gran categoría fue creada por los Estados-Nación para encasillar, conjuntar y encapsular en un cajón único y supuestamente común prácticas distintas de vida y organización cuyo rasgo compartido era precisamente la negación a aceptar la idea de pertenecer a un Estado, es decir, a formar parte de algo mayor encima de los pueblos y practicar un estar juntxs falso e inocuo lejano al amor y cercano en realidad al impulso patológico de la muerte. Así, del torrente de palabras, miradas y escuchas compartidos por Yásnaya -lxs zapatistas de plano le pidieron su texto para seguirlo descubriendo con calma-, emergió ayer de nuestras heridas físicas y patológicas una pista enorme y vital para sobrevivir juntxs. “Eso que entiendo que los caracoles, que los compañeros zapatistas ya están haciendo, y disculpen si los contradigo, más que buscar un <<nunca más un México sin nosotros>>, están creando ya el nosotrxs sin México”, sonrió Yásnaya.

Venimos a hacer lo imposible

Venimos a hacer lo imposible.- encuentro del CIG y su vocera Marichuy en Ciudad Universitaria

En Ciudad Universitaria, el encuentro entre el Concejo Indígena de Gobierno y lxs estudiantes guerrerxs y soñadorxs fue rabioso, bello e histórico. Al pie de la biblioteca central, en apenas tres  o cuatro horas lloraron, se abrazaron y gritaron juntas las resistencias urbanas y rurales pasadas, presentes y futuras del México de abajo y a la izquierda. Esta vez la lucha social no sólo tiene frente a sí el ansia de querer transformarlo todo sino la amenaza de perecer en caso de no lograrlo, pero quizás por ello mismo esta generación de escuchas y hacedorxs –la del #yosoy132, la de la escuelita zapatista, la de la solidaridad espontánea y gigante ante el #19S, la que transmite en vivo “Álarmala de tos” en vez de bailarla y armar el slam- anunció que viene a decir cosas imposibles porque de lo posible se ha dicho demasiado.

Esta tarde, tanto el CIG como la banda reunida en las islas festejó la oportunidad de escucharse, tocarse, proyectarse e incluso relevarse mutuamente. Mientras el CIG recorría algunas facultades de Ciudad Universitaria antes de arribar al templete, en éste se habían sintetizado ya muchos de los dolores y de las innovaciones más recientes en los modos de andar y de luchar. Makila 69 había resumido que las mujeres hemos tenido que aprender en carne propia que para andar a la deriva primero hay que mantenernos vivas; los Botellos rumiaron que lo que CIG propone es simple pero está muy cabrón: Mandar Obedeciendo, que quiere decir “que ningún pinche gobierno puede estar por encima de la banda”; y Rubén del Café Tacuba aseguró que eso de avanzar en nombre de “un país” es una tontería, pues lo que en verdad se puede sentir y cambiar es lo que ocurre a nivel de los barrios, los pueblos y las comunidades –es decir bajar y no subir.

Después, la Red Estudiantil de Apoyo al CIG anunció que venían a escuchar a pesar de cursar clases en dónde lo que más se fomenta es avasallar –es decir imponer en vez de convencer– y, tras anunciarse sabedorxs de que entre los de arriba sólo hay regalos y halagos y de que para lxs que piensan diferente sólo hay represión y violencia, lanzaron la invitación a formar brigadas y redes comunitarias en todas las delegaciones de la ciudad que actúen no sólo en caso de emergencias; el pueblo nahua de San Pedro Tlanixco denunció que desde hace 10 años 6 habitantes de su comunidad se encuentran presos por defender sus aguas, entre ellxs Dominga González, Lorenzo Sánchez y Marco Antonio Pérez; y Mario Luna del pueblo Yaqui recalcó que la palabra del CIG no es de promesas ni de discursos, sino que es la palabra de organizarnos, luchar y existir aún más allá del proceso electoral del 2018. “No les vamos a pedir permiso para salir a luchar por nuestra vida. No les vamos a pedir permiso para continuar resistiendo y existiendo. Firmes, compañerxs”, concluyó.

Entonces Aracely Osorio -la madre de Lesvy Berlín, joven asesinada en Ciudad Universitaria en mayo de este año- incendió la noche, pues sus palabras captaron la esencia de la propuesta del CIG. Al explorar su dolor y convertirlo en movimiento, en posibilidad de organización, Aracely arañó quizás las raíces de la rabia, la tempestad, el coraje, la memoria y la dignidad: “A pesar del dolor este día estoy contenta porque se ha sembrado en mi corazón la esperanza. (…) Por los que no están tenemos el compromiso de vivir viviendo, de vivir con la frente en alto, con el puño en alto y sin miedo (…) El camino es largo y doloroso, pero está lleno de esperanza con personas como la vocera y como ustedes, que están hoy aquí”, dijo Aracely mientras cerca de ella las madres de Luis Roberto Malagón y de Carlos Sinhue Cuevas (jóvenes universitarios cuyos cuerpos también fueron hallados en C.U. este año y en el 2011)  sostenían también pancartas con las fotografías de sus hijos.

De algún modo, en el encuentro del CIG y lxs universitarios de esta tarde reverberó de nuevo el fuego que lxs de abajo nomás no dejamos apagar a pesar del miedo, las amenazas, los ataques e incluso a pesar del silencio y la inacción de muchxs. Una vez más, se trata de algo muy sencillo pero muy cabrón. Una vez más, “se trata –explicó el CIG en la voz de Marichuy- de que lxs de abajo, junto con los de la ciudad, organicen la alegre y digna rebeldía anticapitalista”.

Una vez más, se trata de perdurar haciendo lo que de por sí se hace cuando se es “joven” y rebelde. Una vez más, se trata de hacer lo imposible justo porque lo posible nos sigue mintiendo y exterminando.

Sofrito nomás

I

Avanzábamos con el viento gélido arañándonos los rostros y amarrándonos el rastro. Al iniciar el año comenzamos a desplazarnos por la cara sureste del volcán para esquivar los brotes de campamentos civiles y militares recién surgidos. Al final de cada trayecto los mayores echaban sueño para masticar y hallar en ellos qué rumbo habríamos de tomar cada día. En una cueva cercana a Ozumba, cuando Malí contó que había soñado con hombres de verde tazando a mordidas los senos y los muslos de nuestra madre, lxs abuelxs decidieron que estábamos listxs para dejar la aldea.

Cipriano concluyó la discusión hirviendo hojas de salvia y colorín para luego leerlas en un ritual. Nos ordenó mascarlas y se dejó guiar con el color ocre olivo de nuestros escupitajos. Cuando aseguró que era buen augurio que el tono fuera parecido al del uniforme de los soldados que vigilaban el desplazamiento, nuestra madre protegió por instinto su pecho y con el movimiento quedé volando unos segundos en el aire antes de maromear para caer ovillado sobre la tierra. Al levantarme amagué con saltar de nuevo hacia Matiana, pero me decidí por buscar la mano de mi hermana mayor. “¿Sí ven? Ya es hora de que se arranquen a caminar”, aprovechó la escena Cipriano para encaminarme con Malí.

Montaña abajo, bordeamos la hoguera encendida a la entrada de la mancha gris oliva del campamento. Completamos el descenso con los primeros rumores del amanecer. Un brazo firme emergió de lejos entre la neblina para quebrarla e indicarnos con un gesto que nos acercáramos. Poco a poco los gestos lejanos se volvieron palabras y alguien nos ofreció entrar en una tienda de campaña. Los primeros zumbidos en castilla que escuchamos.

Montaña arriba, Matiana sintió una sacudida feroz en la parte alta del vientre. Dejó avanzar la hilera y aguzó el oído. Me escuchó clarito preguntarle cuál era la velocidad de los sueños. Subió su mano hasta su nuca y comenzó a masajearla.  Quizás le pesaba en esa parte del cuerpo no saber cómo responderme. El dolor regresó a su vientre pero logró trotar lento para alcanzar la hilera. La marea de pies casi flotaba sobre las piedras y el lodo. El cansancio y el temor alcanzaban a todxs cada vez más.

En el campamento los rayos del sol se filtraron por las ventanas de la tienda. Iluminaron el torso de un ingeniero y rebotaron en su colgajo de oro hasta concluir su recorrido en las mejillas de Mali partidas por el frío en finísimas grietas rojizas. Varixs ingenierxs respondieron su saludo con frases que creyeron  alusivas y de bienvenida. Alguien me cubrió con un cobertor que me quedó grande y alguien más me comparó con un mago ratón de una caricatura. Se escucharon carcajadas heladas y otra mujer se nos acercó con un par de tazas calientes.

Más tarde lxs ingenierxs encendieron sus computadoras y desplegaron sus planos sobre las mesas de trabajo. Fuimos relegados a la esquina de la tienda menos llena, justo la que estaba frente al único hombre que aún permanecía descansando en un catre. Allí, aún envuelto entre las cobijas, el hombre se descubría sólo para meterse polvo a la nariz.  Seguí observando indiferente el video del mago-ratón que me dejaron corriendo en una pantalla y Malí permaneció el resto del día mirando fijamente a ese hombre.

*

Matilde nos adoptó de inmediato. Por las noches se arrunchaba con nosotrxs en el sleeping y lanzaba patadas en la madrugada cada vez que alguna sombra se acercaba. En la penumbra la inmovilizaban asiéndole las piernas, luego la volteaban de un costado y, bordeando el límite de un supuesto juego, comenzaban a arañarle los muslos. Matilde recibía las caricias para evitar que ellas llegaran hasta nosotrxs, pero éstas avanzaban hasta que una noche llegaron a sus nalgas. Entonces reaccionó soltando un par de patadas antes de saltar del catre rumbo al quinqué de la tienda. Yo me deslicé por debajo de la cama y de nuevo me quedé hecho un ovillo. Desde esa noche Matilde comenzó a destilar miedo y tuvimos que pasar los siguientes meses soportando su hálito de temor soplándonos de cerca al descansar. Aún así, solía esquivar el abrazo nocturno de Malí para intentar enroscármele un poco a Matilde. “¿Existe alguna explicación para el miedo y la valentía?”, le preguntaba a Malí después de deshacer los intentos por encontrar a Matilde.

Al finalizar el año la comunidad desplazada regresó a la aldea. Ahora se extendía ante ella un enorme tajo ceniciento de tierra arrasada y un boquete gigantesco que parecía querer devorarse todo lo que osara acercarse al filo de su enorme cráter. María recogió una flauta. Le quitó el polvo y Cipriano sopló los primeros acordes de un canto de despedida. A unos cuantos metros una fila de hombres uniformados los miraba. Pisaban ansiosos el suelo, removían sus botas y apretaban los puños. Sus rugidos  comenzaron a competir con el canto de la aldea y pronto lo arrasaron.

Observé desde el campamento la enorme pira de humo encendida a la mitad de la montaña. También llegaron ante nosotrxs los últimos ecos de gritos y cuerpos luchando. Matilde y el resto de los ingenierxs empacaron sus cosas mientras el resto de los empleados hacían fila para cobrar la última nómina de la compañía minera. Malí corrió hasta la alambrada e improvisó el toque de un tambor dándose palmadas sobre diversas partes de su cuerpo. Para terminar la ceremonia de despedida, aguzó el oído para detectar en qué momento soplar sobre el hueco de aire que formó entre sus manos y su boca.

Cuando los soldados regresaron buscó los ojos saciados y rabiosos del hombre que atacaba a Matilde por las noches. Encontró la marca de sus dientes en su nuca y pintó un trazo ágil y frágil entre sus cuerpos. Los pocos que alcanzaron a ver el extraño movimiento hicieron estallar una carcajada estrepitosa. Desde lejos Matilde desafió los gritos y las burlas para indicarle con un silbido que era hora de partir. “¿Qué fue eso?”, quebró después el pesado silencio que aplastaba el viaje de regreso a la Capital. Malí dejó pasar varios minutos y varios paisajes más antes de prometerle que después le explicaría todo.

“¿Cuál es la velocidad de las pesadillas?”, pregunté horas después al entrar por vez primera a la ciudad trepado en uno de los tubos que atravesaban el cajón de la camioneta de redilas.

*

En los siguientes meses la respiración brusca de Matilde seguía recordándome el murmullo nervioso del volcán agitándose en las madrugadas. Ahora me apretujaba a Malí intentando encontrar detrás de su cuerpo a Matilde, pero  Malí se volteaba rápido y era ella quien terminaba recibiendo el abrazo con el que Matilde respondía adormilada. Salía decepcionado del cuarto hacia las otras habitaciones de la Casa-Hogar, aunque lograba percibir que el fondo de Matilde siempre iniciaba un trayecto que al menos le dejaba descubiertas las piernas.

Prefería refugiarme en la habitación de Joel. Era la más pequeña pero también la que tenía mejor vista a la plaza. El ventanal tenía un fragmento de vidrio roto por el que se colaban potentes el frío, el olor a piedra y madrugada, los gritos perdidos de la violencia y, un poco más lejanos, los cantos agotados de los mariachis de Garibaldi. “¿Y, ahora sí la tocaste?”, me preguntaba Joel al verme aparecer en su pieza. Veía mis gestos aturdidos, encendía un viejo radio y preparaba un carrujo con frijol de mezcal violeta traído de Guatemala.

Más tarde las brasas de un pequeño horno casero prometían los primeros panes del día. Desvelados, Joel y yo prendíamos los quemadores de discos y hacíamos la limpieza de un modesto laboratorio que en las siguientes horas surtía de sustancias el primer cuadro del eje central de la ciudad. A las seis Matilde y Malí acaparaban la cocina haciendo bulla hasta que pronto las alcanzaban allí Zeta, Taipei, Lunez y Favela, el resto de lxs habitantes de la casa. A las siete Zeta subía a la azotea a encender el transmisor oculto en una cubeta y el día comenzaba a dar batalla.

II y III

L despertó esa mañana en la puerta de la casa hogar con la boca hinchada, moretones en los brazos y una vieja y pesada máquina de escribir. Una chamarra de cuero en vivos verdes y rojos le cubría el rostro y parte de su pelo largo y enmarañado. Horas antes había conocido en una pulquería de Mesones a un holandés con el que recorrió varios centros nocturnos de la Roma hasta que los cascos azules los encontraron bebiendo mezcal en una fonda del mercado público de Balderas. Escuchó que a Monsels lo iban a llevar al cajero de 16 de septiembre, y a él lo golpearon pero no le revisaron bien las botas: L y yo volvimos a la Casa de las Adivinanzas -así hemos nombrado al refugio dónde nos alojamos todxs- después de un mes de esperar a Monsels en Puerto Escondido con lo que quedaba de sus euros.

Llegamos a la pieza de Joel con Estela, la doctora en Latinoamérica que conocimos en Mazunte. Nos gustaron los picos azules que envolvían sus pezones simulando un par de estrellas de mar, pero Estela no accedía a sacarse de nuevo la blusa. Nos pidió que la lleváramos al salón de reggaetón cercano donde el show lo daban adolescentes teniendo sexo en vivo en el segundo piso. Preferíamos llevarla a los Ángeles o al Califas, pero Estela no bailaba chévere salsa y cumbia. “Perrear es más fácil”, cortó la discusión.

De los tres –Joel, L y yo- era L el que le ponía más cuidado. Le festejaba que criticara la abyección de la ciudad y que dijera disfrutar el sabor de nuestra ruina y nuestra maldad. Nos citaba investigaciones antropológicas y a dos o tres cronistas, pero sólo L lograba seguirle el hilo de las historias. Incluso la acompañaba en sus juicios y sus explicaciones. Por eso habíamos recibido a L como unx más de la casa, porque nunca se cansaba de escuchar a la gente y echarle charla hasta más o menos haber tejido con ella algo en común.

En algún punto de la noche Joel abordó a lxs adolescentes que darían el show para ofrecerles un bisne, pero a la hora de la verdad Estela sólo se animó a nalguearlos frente a todxs. “Dale, mamita, méteselo”, le alcanzó Bryan un banano. “¡Órale morra, a ver a qué pinches horas!”, la regañó Danielle cuando el desmadre de la muchedumbre comenzó a transformarse en abucheos. “¡Las estrellas!, le gritábamos para salvar el show. Compasivo, L apareció detrás de ella, le sacó la blusa y comenzó a acariciarla. “Disculpa”, le dijo y luego la apretó fuerte cuando el reggaetón y los gritos no podían contener más la  euforia que Estela decía admirar o buscar en las entrañas del monstruo.

De vuelta en casa L se dejaba acariciar por Estela, a quien le había cambiado su  pesada máquina de escribir por una notebook. Tecleaba frenético todo lo que recordaba de las poesías robadas por los cascos azules. Por lo menos trazos y fragmentos de ellas. También narraba veloz varias escenas sobre sus cotorreos en el sur de la ciudad, todo ello mientras Estela lo acariciaba y le pedía que tuviera calma. “¿Para qué tanta prisa?”, le preguntaba. “Todo lo bueno muere joven; si no es así se pudre en el olvido”, rasgó L así la madrugada. Joel y yo dejamos de saborear el humo de Guatemala e intuimos que algo estaría mal. L apenas percibió el sol que había barrido ante nosotros. Estela alcanzó a sobreponerse del relámpago e intentó domarlo: lo volteó hacia ella y le ofreció su mar, pero L agradeció con un murmullo apenas audible, acaso como si estuviera ahogándose.

*

En esos días me distraían los carrujos preparados por Joel y escuchar a la gente que L seguía llevando a la casa a beber y platicar, pero creía que nada valía tanto como saber qué se sentía estar dentro de Matilde y saber cómo medir la velocidad de los sueños. A pesar de las fiestas de los viernes y las cascaras en C.U. o en el Maracaná, la casa estaba dividida en tres grupos: los que buscaban cómo estallar, los que habían sobrevivido a ello y los que flotábamos perdidos entre ambos grupos. Malí, Matilde, Lunez y Favela estaban en el primero, Taipei y Zeta en el segundo, y Joel, L y yo en el tercero.

Cuando se quedaba con nosotrxs, L solía tomar rumbo hacia el interior más bravo de la delegación. Lo hacía antes de que el volcán comenzara a distinguirse y tomara forma en el horizonte. Decía que tenía que arrancar los días entre Tapicería y Ferrocarriles, a dónde había llegado para terminar la tesis de la universidad y después se quedó convencido de haber hallado un lugar sagrado. Zeta lo acompañó algunas veces, cuando necesitaba equipo electrónico para reparar el transmisor. Incluso lo acompañó Taipei, que antes sólo salía de la casa los sábados para surtirse de películas en el Chopo.

A finales de abril, cuando volvíamos de dejar a Estela en la Meche para que tomara su bus bara bara a la Ribera, L saludó en la entrada del metro candelaria a una mujer con cara de galleta y el cabello muy rizado, alborotado y oxigenado. Nos disparó una pancita y al final nos dio de pilón unos hongos de la Huasteca. “Para sus quesadillas”, nos besó con aceite, alcohol y cansancio. Asamos los hongos y le agregamos al molcajete el hachís que nos dejó Estela, las hierbas de Joel y una sustancia que de por sí preparaba Taipei en el laboratorio. Volví a escuchar los gritos de los abuelxs luchando, los chasquidos de nuestros huesos quebrándose, el fuego y las burlas de los soldados, el aplomo y la extraña calma final de las mujeres, y los sueños de la aldea desapareciendo.

Escuché de nuevo al viejo Cipirano. Clarito lo volví a escuchar zumbando en las montañas, abriendo brecha con el machete y soplando su flauta. Escuché el pasado cuando terminé de aspirar el humo que compartí con L. Incluso logré escuchar, apenas por unos segundos, un poco del tiempo futuro. Después salimos hacia el sur para conocer el hogar de L. Luego de pasar a la Marimba tomamos periférico y caminamos directo hacia la salida sureste de la ciudad sitiada. L desafiaba la velocidad de los autos recordando poesías y rock urbano. “¿Viste en la mañana si el futuro era oscura maleza?”, me lanzó esa pregunta malabareando a la mitad de los carriles. “¿La frase es tuya?”, reviré. “Escuché algo”, añadí justo antes de que los cascos azules nos hicieran el alto a la altura del canal de Cuemanco.

Agazapados en la oscuridad, los cascos azules vigilaban esa salida hacia los barrios marginales del sureste de la ciudad. Tras los sexenios de supuesta alternancia y el regreso del partido institucional, los pueblos de la nación estaban puestos para su extracción progresista final, así que habían llegado a vigilar a las resistencias sobrevivientes a la época democrática rondas de ejércitos de paz y de cascos azules como los que esa noche nos detuvieron en Cuemanco.

Ni siquiera nos hablaron en castilla. Quizás nos exigieron en inglés que nos identificáramos. Lucían aburridos por la rutina. Al menos así comenzaron la inspección, pero cambiaron cuando encontraron en la mochila de L la notebook que Estela le había canjeado. El comandante soltó la tableta en la que deambulaba entre un striptease de una tapatía vestida de blanca nieves y un partido de la liga rusa. Volteó a vernos y comenzó a insultarnos. Al principio nos burlamos de sus palabras atropelladas, pero cuando le colocó a L su fusil de asalto en el  pecho y le arrebató la mochila, la risa se convirtió en rabia. L se lanzó sobre el comandante y entonces todo se apagó. Días después desperté solo y sin habla del otro lado del volcán. Más allá de la zona de guerra, pero acaso sin la posibilidad de volver atrás.

*

Matilde y Malí continuaron sobreviviendo juntas la ciudad. A cada una le bastaba con sentir el roce de la voz próxima para aminorar el miedo que flotaba denso y nauseabundo sobre ellas. Sin mí a su lado añadieron algo nuevo a su complicidad. Las primeras noches me guardaron el espacio, pero pronto descubrieron un resquicio de libertad que fueron ampliando hasta que una madrugada se tomaron de la mano y ya no dejaron de quererse fuerte.

El tono arena de su piel me hacía volar. Un tono con un matiz dorado que combinaba con el tinte color tierra de mi piel. Hace años, cuando llegamos a la Casa de las Adivinanzas, Matilde me desnudó y me hizo entrar al baño con ella. <>, pensé cuando comenzó a sacarse la ropa. Inició despojándose del  vestido. Se le atoró en el cuello y pude disfrutar con calma de las líneas firmes y finas que iniciaban allí un recorrido por todo su cuerpo. Luego me pidió que me volteara mientras se  ponía una licra negra que le ciñó perfecto las caderas y los muslos. Cuando volteé también se había colocado un top, pero logré percibir que los trazos verdes, amarrillos y rojos del cuello concluían su recorrido hasta la cadera, donde iniciaban sutilmente un nuevo último tramo hacia su sexo cubierto por la licra –y esa imagen fue el origen de mi primera ficción.

Matilde sonrió cuando frotó mi entrepierna. Mi sexo reaccionó de inmediato levantándose un poco hacia ella. Su risa abierta me hizo pensar que continuaría jugando en esa zona, pero sus manos subieron súbitamente hacia mi cabello y se quedaron atoradas en él. Estuve a punto de hacer una pompa de jabón y pasarla suavemente en su vientre o en su cadera, pero bajó sus manos hacia mis mejillas y las pellizcó para indicarme que el baño había concluido. Luego arrojó sobre mí de un solo cubetazo el agua que quedaba y me indicó que me secara. “Listo, vámonos a descansar”, me huyó  ágil y alcanzamos en el cuarto a Malí.

*

“Ya tendrían que estar aquí si desean participar en la intervención”, comentó Favela días después de nuestra salida a la escuela nacional de antropología. La casa estaba llena de colombianxs puestos a realizar la intervención, así que fue normal que nuestra ausencia no interrumpiera los ritmos y el ánimo de la casa. Incluso Taipei desempolvó su vieja filmadora y Zeta no sólo retransmitió las señales de la voladora, regeneración, la ké o el zapote, sino que cabineó en vivo con el parche colombiano. Sólo Joel permaneció esos días un poco a contracorriente de todxs, acaso porque traía atorada una sensación de presagio desde que leyó en un suplemento dominical que John Berger suponía que, además de ser el siglo del viaje forzado, éste también sería el siglo de las desapariciones.

El último domingo de ese mes, cuando todo el combo regresaba eufórico a la casa tras una rumba, Malí quebró la nata de smog y vértigo con la que amanecía la ciudad leyendo en voz alta una nota que acompañaba en el buzón a la invitación a una asamblea anual de testigos de jehova. “Lentamente, conforme iban pasando los segundos, L comenzó a desvanecerse en la nada absoluta”, leyó el final del breve párrafo enviado por L y les propuso a los demás que hicieran un cuento colectivo basado en él.

La ciudad mudaba su bochorno por trancones e inundaciones provocadas por las primeras tormentas del año y la Casa continuaba concentrada preparando la intervención en las pirámides. A pesar del empuje de Mayo, Lunez y Favela se apoderaron del liderazgo de la intervención. El resto del parche colombiano mantenía desvelándose bebiendo ron y mirando a ver los documentales y los largometrajes en los que aparecía Taipei. La rutina previa a la intervención fue más o menos la siguiente: antes de que Lunez y Favela aparecieran para soltar instrucciones, el primer caleñx en despertar encendía la cafetera y volvía dormitando a la pieza, el segundo en hacerlo comenzaba a forjar un canuto de hierba y, cuando todo estaba listo, Clara ponía a sonar fuerte al Gran Combo de Puerto Rico. Y entonces sí todxs, salvo Mayo que regresaba hasta el atardecer, dibujaban y tallaban el resto del día cientos de rostros mientras hablaban sobre justicia, memoria y restitución.

IV

La noche de las pirámides inició con Zeta y Clara transmitiendo en vivo en la cabina del refugio. Zeta sonaba nervioso e incluso trastabillaba, como cuando aprendió a tocar su trombón en la frontera entre Brasil y Uruguay. En cambio Clara se lucía con un ritmo suave y exacto que iba preparando su ascenso en un tono parecido a los toques de una campana marcando la clave de una buena canción de salsa. En el primer descanso Zeta lanzó al aire “Sofrito” de Mongo Santamaría y corrió al sótano a buscar las viejas encuadernaciones de Benedetti impresas cuadras adelante por la familia Vanegas. Los poemas sonaron muy bellos pero quizás algo suaves. Cuando reconocí la frase tirada por L en Cuemanco antes de enfrentarse a los soldados me descontrolé y le pedí a Mayte que les marcara. Fue Clara quién respondió del otro lado de la línea, fuera del aire. Le pedí a Mayte que sólo les dijera que la elección de Santamaría era perfecta.

Clara se despidió de la transmisión después de soltar al aire una hora más de un concierto de Los Van Van en Bogotá. Se marchó a la cocina a preparar mojarra con arroz frito y alguien que decía llamarse J.A tomó su lugar en la cabina. Mientras Zeta improvisaba cuenteando sobre la evolución del soul, J.A vagó veloz en la red en busca de grabaciones caseras de mc’s latinoamericanos. Bastó con Alika para incendiar la casa. Mezclaron su voz aguda y rítmica con el fraseo grave de otro poeta subterráneo también llamado Mario y añadieron en un tercer canal sampleos de una vieja cumbia de la costa atlántica colombiana. A pesar de los alaridos sexuales del cuarto vecino alcancé a pillar que la mezcla era sorprendente. J.A añadió en la transmisión que en un barrio lejano de otra capital también se había sentido como cavernícola al conocer por primera vez a una mujer desnuda. “Como el Mario de aquí”, hizo justicia Zeta.

Imaginé que Clara tenía una mirada color miel y que J.A era L. Clarito sentí que L se había regresado a la Casa pero ahora decía tener otro nombre. Las voces eran idénticas. Un poco golpeadas, pero firmes y graves como gruñidos salvajes. Y la pasión por la poesía. Esa también era igual de igualita. También me sentí como cavernícola y salí a caminar. En el recorrido intenté dibujar a Clara pero Matilde se adueñaba de los trazos. Su interrupción me impulsó de vuelta al cuarto y pasé el resto del día limando un relato que no lograba concluir a pesar de que contaba con un solo párrafo.

En la casa, sus habitantes argumentaron durante el almuerzo que era imposible cambiarlo todo. “Es muy tarde ya. Mejor dicho esto ya se acabó”, apareció Clara con la mojarra, el arroz frito y una bandeja de jugos de lulo y maracuyá. Favela la quebró con la mirada e intentó arrebatarle su plato. Éste salió volando hasta que Joel lo atrapó en su descenso, sólo que para lograrlo dejó caer su bachita cerca de Favela. Aunque breve y casi irrisoria, una chispita encendió su falda, y este simulacro o conato de fuego la desquició, pues recordó los ensayos fallidos de intervención en el Zócalo y en el Museo Nacional de Antropología. Zeta disimuló el temblor colectivo permaneciendo agachado, haciendo la finta de recoger el arroz desperdigado en el suelo. Lunez sopló la bachita y levantó a Zeta. Favela observó a los demás con el rostro descompuesto y Clara se disculpó con una frase aún más ambigua que la primera.

El maracuyá estaba un poco más ácido de lo normal, pero mezclado con la piel suave  del pescado frito relajó la tensión y los nervios. “¿Por qué algunxs insisten en  hacerse responsables del miedo y la esclavitud elegidas por otrxs? Si no todxs desean la libertad, ¿así cómo?”, reanudó la discusión Joel, contrariando su costumbre de escuchar a todxs antes de soltarse a compartir su palabra.  Tras un breve instante de silencio, su pregunta volvió a destapar más de una hora de pasión, excusas y anécdotas. Casi medio siglo de experiencia, errores y emociones pasó veloz e inasible sobre la mesa mientras Zeta se divertía canturreando temas de Ismael Miranda. Clara intentó hacerle segunda encajando sobre la mesa series de palmadas que intentaban simular golpes de tambor que simulaban latidos humanos. “El tiempo decidirá… si hay verdad en mi cariño”, se sumó Lunez mientras forcejeaba con la espina de pescado que traía atorada en la garganta.

Matilde se levantó a colar café. Malí la acompañó pero siguió hacia su pieza y volvió después con el sobre enviado por L. Insistió en que estaría chingón dedicarle un tiempo a terminar la narración antes de salir a la intervención. Leyó de nuevo el inicio de la historia enviada por L. Taipei habló por primera vez para decir que ese inicio le recordaba un cortometraje que grabó en Belem. “¿Quién será ese don Gastón?”, regresó Matilde a la mesa ahora con una bandeja llena de pan y pocitos de tinto. “Aún es temprano”, concedió Favela y el combo continuó la historia enviada por L.

Con el cuento y la ronda de tintos avanzados, Zeta se animó a buscar bajo la mesa los muslos de Clara. Se posó sobre su rodilla sólo para sentir una mano más ruda que la suya. Reconoció a Joel. Le agradó sentir esa fuerza. Joel intentó zafarse al sentirse sorprendido pero Zeta le hizo permanecer allí. Acarició a ambos con calma al tiempo que arriba, a la vista de todos, les arrojó un gesto cómplice. Después se levantó con la excusa de percibir olor a gas en la cocina. Al terminar la historia de L, apenas unos minutos antes de la hora acordada para salir a las pirámides, Clara y Joel zigzaguearon entre Favela y Lunez resueltos a encerrarse en la habitación de Joel. Malí contuvo a Favela y le exigió que los dejara quedarse. Matilde cuchicheó algo con Lunez y la intervención inició.

V y VI

En la pieza donde me alojaba, al escuchar los experimentos de Zeta y J.A probé a mezclar la voz de Clara con secuencias de reggae jamaicano y percusión cubana. Mayte se aburrió e intentó besarme, pero rehuí su encuentro tomando el suplemento dominical del día anterior. Allí el secretario de la ONU anunciaba que, después de seis meses de cumplir con una labor limpia (sic) y precisa, los cascos azules seguirían entre nosotrxs resguardando nuestra paz imperfecta (sic). “Esa voz es sideral, como la de Mercedes Sosa”, me aterrizó Mayte al referirse a Clara. Con sus palabras brotaron cerca una serie de relámpagos que fastidiaron la estática del RCA y la fueron mordiendo poco a poco hasta tumbarla por completo.

Mayte aprovechó mi desconcierto –percibió que había bajado la guardia- y se hizo una con él al desnudarse. Se sentó sobre mí y frotó un largo rato su sexo húmedo sobre mis muslos. Podía sentir cómo la arrasaba saber que pronto me sentiría caliente, grande y potente dentro de ella. Me apretó fuerte y descontrolada el sexo y con la mano libre me hizo chuparle los senos y mordisquearle  los pezones. Entonces giró sobre sí y entré perfecto en ella abriéndome paso entre sus nalgas. ¿Se sentirá así Matilde?, pensé mientras aceleraba la respiración, le sujetaba fuerte la cadera y comenzaba a arañarle la espalda. Mayte intuyó algo y se levantó enojada. Se cubrió ágil con una toalla del baño y así mismo salió al pueblo a buscar algo de cenar. Se detuvo en el quicio apenas un segundo para darme otra oportunidad, pero me mantuve estático porque se me apareció un cuento más y quería escribirlo ya mismo. Una historia más. Al verla salir reconocí que mis días sin insurrecciones eran perfectos.

La presencia, las bromas y el ritmo de Mayte me hacían dudar si valía la pena cruzar de vuelta las barricadas para resistir o al menos sobrellevar los días con lxs desplazados de la casa. Alguien o algo o se había adueñado de mis prioridades y posibilidades y por tanto me habían exterminado. Además, los murmullos del viejo Cipriano cada vez me eran más inaudibles. De haber regresado, hubiera sido sólo para saber si él y los abuelos seguían cuenteando con Malí. Si con ella sí. También podía aprovechar que estaba de este lado del volcán para hacer el camino de vuelta a la aldea, pero creo que en el fondo seguía siendo el pequeño que no defendió a Malí y Matilde en el campamento ni enfrentó a los cascos azules para rescatarse –como hizo L- a sí mismo.

Apenas había comenzado a trazar la historia cuando la tormenta cortó de tajo la luz. En instantes el silencio desplazó las arcadas sonoras del burdel vecino. Me sentí cómodo en la oscuridad y continué escribiendo. Los ojos me chillaban un poco con el reflejo del monitor pero a cambio la historia fluía veloz. Aproveché que Mayte aún no volvía y seguí de frente bosquejando recuerdos y escenas compartidas con los otrxs habitantes de la casa. Al descubrir que las historias avanzaban veloces pero quedaban cortas y sonaban  fugaces, me recordé preguntando de niño en la aldea cual era la velocidad de los sueños. Mayte reapareció y me arrebató la máquina. “Benque gruñó fingiendo un tono adulto que el tiempo no le iba a regatear”, corrigió uno de mis inicios.

“Han de ser así de veloces porque son cortos”, intenté explicarle a Mayte. “Tus sueños, sí”, me comprendió e incluso me completó.

*

En esos momentos, en el centro de la ciudad, a los pocos metros de haber iniciado la intervención, en los torniquetes del metro garibaldi J.A deshizo sus pasos y tomó rumbo de vuelta a la Casa. Le entregó un mapa a Taipei, que acompañaba contento y atento al contingente simulado de payasos y artistas. Más adelante, cuando el contingente saltó los torniquetes del metro Hidalgo, Favela sintió algo parecido a la ausencia. Cuando vio a Taipei sumarse al cuadro intentando seguirle el paso rodando un extenso plano-secuencia, permitió que la ausencia se fuera transformando en ironía y al final se dejó acompañar por una especie de melancolía un tanto ácida. La cadencia con la que el bloque se movía en los pasillos entre dependientes, obreros y oficinistas le recordó el sonsonete de una cumbia villera y estuvo a punto de doblarse de risa. Quiso gritarle a su batallón “¡pibes chorros!” pero logró contenerse. Indicó que se desplegaran en las puertas de los vagones y se hincaron cuando éstos descendieron su velocidad.

Cuando los vagones frenaron por completo, Favela y su decena de artistas entraron en ellos ejecutando una pirueta circense, pero la hora pico había pasado un par de horas antes y la mayoría de los pasajeros venía dormitando. Ante los gestos y el atuendo colorido del batallón, los viajeros despiertos mantuvieron un silencio primero tímido y luego temeroso. No sabían cómo reaccionar ante otra posibilidad que no fuese responder a lo que el batallón les pidiera o les hiciera. Mientras los caleñxs sonaron en la bocina-mochila salsa-choque y luego la bailaron y los bogotanos saltaron como leones entre aros e hicieron de equilibristas sobre un largo trapo colocado de un extremo a otro del vagón, Favela pegó en los respaldos de los asientos vacíos el primer stencil de la noche, el cual reproducía el rostro de L. Con todo, apenas una  pequeña del  vagón de Favela reaccionó moviendo un poco la cadera al escuchar el estribillo ras tas tas, tas tas.

Continuaron el recorrido hasta San Juan grabando así el metro, bancas, ventanas, letreros, paredes y señales de tránsito: mero con algunos de los miles de rostros desaparecidos en la última década por los cascos azules y los hombres de verde, blanco y rojo manejados por los señores del dinero. No estaba tan convencida de que los rostros estuvieran atrapados dentro de urnas, pero Favela respetó el acuerdo con el parche colombiano. Acaso por las elecciones que iniciarían en unas horas, después de recorrer varios kilómetros y saltar las vallas de la zona arqueológica su vigilancia aún los seguía a la espera de recibir órdenes. Con la calzada de los muertos enfrente,  Favela recordó la letra de una vieja trova urbana del Gato Pérez que pilló en un disco llamado Sabor de barrio. “Qué poco camino, qué corta excursión. Ya no queda nada de lo que existió. Ni gente ni cosas retuvo el amor”, cantó fuerte.

Favela y el resto de artistas comenzaron a desplazarse por la calzada trazando en ella senderos angostos que al sumarse proyectaban la figura de un gran reloj de arena instalado a la mitad del camino entre las pirámides del sol y de la luna. Al centro del tiempo imaginado, sobre las ruinas de un alud de rocas que antaño fuera un templo ceremonial, Favela sacó de su morral de yute un gran amasijo verde-morado de carne vieja (vísceras, pulmones, músculos, corazones) podrida. Mientras los cascos azules la miraban tranquilos aún a la espera de instrucciones, lxs acompañantes de Favela rehicieron lentamente sus trayectos prendiendo fuego en las brechas que ellxs mismos habían abierto. Entonces Favela recordó el pecho de una parcera suya quemándose en la plancha del zócalo uno o dos años antes y, a pesar de los ensayos previos, su instinto la hizo moverse antes de tiempo. Cuando las distintas piras coincidieron en sus recorridos levantaron una gran fogata que al final sólo devoró sin prisa los restos humanos que Favela dejó tirados sobre esos viejos escalones.

Mientras tanto Lunez, Mayo, Malí y Matilde aprovecharon toda la distracción para hincar frente al memorial del ’68 al grupo de personas que habían capturado esa misma tarde en distintos puntos de la ciudad. En la densidad de la madrugada se podían diseccionar la rabia, el frío y el dolor. Mayo juzgó que el olor a miedo en el grupo de personas capturadas era injustificable y comenzó a gritarles. Sus acusaciones contenían una vorágine de juicios sobre el perdón, el olvido, la guerra, el exterminio, la venganza y la sobrevivencia que intentaban esquivarse pero al final chocaban furiosos entre sí una y otra vez. Ante este inesperado brote de locura, el resto del equipo supo intuir que tendría que acelerar todo, así que Matilde iluminó con un laser los rostros desconcertados del grupo capturado y los proyectó sobre una pared de la iglesia para que Malí los pintara allí mismo y Lunez trazara, a manera de grafiti, una leyenda que sabía incompleta pero certera: “Nuestrxs muertxs no caben en sus urnas”. Y entonces todo se apagó otra vez, pues de la vieja caja de agua del convento de Tlatelolco brotaron decenas de cascos azules y de hombres encapuchados.

*

Ahora, tendido a mi lado y por fortuna solo un poco mutilado, Lunez me cuenta que la frase la eligió Favela y que sabían que tampoco es que se resolvería todo sin ellas, pero que el grupo estaba de acuerdo en que valía la pena hacer la intervención.  “Pero sería un buen inicio para parar tanta aniquilación”, lo interrumpe Mayte y me dan ganas de entrar en la discusión, pero intuyo que ello me llevaría a gesticular demasiado y sin comprobación posible alguna. “¿Y en el plan original qué tendría que haber hecho Mayo?”, me animo a hacer las señas y Mayte me traduce. Favela amaga con partirse de la risa y me sostiene la mirada por vez primera en mucho tiempo. Su rostro me desarma y olvido mi condición, así que estalla en mí una frase que afuera suena como una suerte de silbido que se atraganta a sí mismo. Un silbido chusco y chillón por el que Favela suelta un enunciado que a la larga cambiará cómo me llama la gente. “El compa ahora silba”, dice al fin doblada por la risa.

También han llegado Clara y JA, que sería idéntico a L si no nos mirara tan distinto. Hurgo en él rastreando a los cascos azules de Cuemanco pero nunca los hallo. Estela intenta ofrecerle de nuevo sus estrellas pero L o JA se mantiene pegado a la vieja máquina de escribir de L, donde escribe poesía y termina un largo ensayo sobre la Santa Muerte. Clara nos explica que la noche de la pirámide L o JA cambió el habla por la escritura, así que en el nuevo resguardo son ella, Mayte y Estela –Favela y Lunez han vuelto a partir- quienes nos comunican con el exterior. En las mañanas, cuando JA o L corre hacia la playa lo sigo y le pregunto si es L y a él también le chuzaron la lengua los azules, pero L o JA nomás arruga la nariz, me arroja una sonrisa de que según él eso no muy importa y se lanza fuerte hacia las olas. En cambio yo las salto y, después de bracear juntos un buen rato, nos quedamos flotando bocarriba y dejamos que la corriente nos arrastre a su antojo unos cuantos metros.

Los días continúan así, lentos pero satisfactorios. Acepté el tamaño de mis sueños y he dejado de pensar en Matilde al entrar en Mayte, pero aún tengo pendiente encontrar la explicación del miedo y de la valentía. Nos faltan la música de Zeta, el rodaje de Taipei y la sabiduría de Joel. Y también nos gustaría ver o saber qué fue o es de mi hermana y de Matilde –Clara dice que pensaban regresar a la aldea y realizar otra intervención ahora que se cumplieran  los cincuenta años de Tlatelolco-, aunque temo que a ellas las decepcionaría nuestra decisión. El volcán nos ha quedado atrás y lo sentimos muy lejano. Aquí, con cientos de valles y montañas de por medio entre la guerra, nosotrxs y el naufragio, hemos decidido que sobrevivir será  nuestra única certeza, aunque también nos alegra que otrxs prefieran arriesgarse por tener su camino abierto.

L o JA termina el libro “La rabia, el amor y la lucha contra el silencio” y Mayte escribe conmigo las historias de nuestrxs ausentes. Nos sentamos entre la arena y el fuego, entrelazamos un poco sus historias con las nuestras y cantamos canciones viejas.

 

Ni con todo el oro del mundo

DSCN2088

Charla con doña Osbelia Quiroz y Roberto Robles, de los Frentes Unidos en Defensa de Tepoztlán.

Tepoztlán, Morelos, 18 de Junio.- Esta tarde de domingo los turistas pasan distraídos detrás del foro público sobre la devastación ambiental  y cultural que traería consigo la ampliación de la autopista La Pera-Cuautla en su paso por Tepoztlán. Saborean sus nieves, toman sus cervezas y algunos incluso pasan entre la mesa de lxs oradores y sus escuchas a pesar de que aquellxs comparten anotaciones robustas y peligrosas para todos: por ejemplo que los gobiernos hacen lo que quieren porque en el fondo poseen una división/jerarquía  según la cual un tipo de seres humanos –ellos– sí vale y los otros -los pueblos- somos estorbos, o bien que esta región dejaría de ser, después de varios siglos, un Tamoanchan (un paraíso histórico biocultural). Cerca de esta mesa, algunos de los jóvenes que el pasado 19 de mayo impidieron que fuese aún mayor el ecocidio en su comunidad, conectan cables y bocinas para tener listo el arranque de una sesión musical encabezada por Roco Pachucote y de paso continúan vigilando el tronco talado del milenario amate amarillo que un grupo de choque no logró llevarse consigo al enfrentarlos allí mismo el pasado 7 de junio. Y a pocos pasos de esta explanada, en el plantón apostado a la entrada del Ayuntamiento cuyos regidores y presidente municipal aseguraron que estarían del lado del pueblo en el cabildo público del 5 de junio, otro grupo de jóvenes y adultos acompaña a una decena de personas mayores que parece ser la responsable de tener en pie el plantón que mantiene en vilo la ampliación de la autopista. En este grupo se encuentra la maestra Doña Osbelia Quiroz, integrante de los Frentes Unidos en Defensa de Tepoztlán y consejal  de la región norte de Morelos en el Concejo Indígena de Gobierno. Al  charlar con ella y con Roberto Robles, uno de los voceros del Frente, queda claro que el México de abajo que ha sobrevivido a la tormenta y que además se prepara para su peor parte está mermado y muy golpeado, pero también queda claro que nunca se dará por vencido. Mejor aún: sus palabras muestran que ese México está encontrando, si bien a arañazos, los nuevos modos de no darse por vencido. La tierra está retemblando en sus centros. Y como siempre y como bien dice doña Osbelia, esto apenas empieza.

¿Nos pudieran contar qué ha pasado en Tepoztlán a partir de la realización del cabildo abierto y de la confrontación con el grupo de choque en el zócalo de Tepoztlán? ¿En qué fase se encuentra Tepoztlán después del cabildo abierto y de esa confrontación?

Doña Osbelia.- A partir de esa fecha el presidente municipal quedó que iba a ser el contacto, o sea el intermediario, para que tuviéramos una plática, o sea un diálogo con la SCT, y lo estamos esperando, por eso estamos aquí en el plantón, y hasta la fecha no se ha dado. Nuevamente le fuimos a recordar que qué pasa al respecto y nos dijo que él ya mandó el oficio para pedir el diálogo pero no le han contestado. Entonces seguramente que mañana o pasado mañana ya nos va dar la respuesta de qué es lo que han acordado. Nosotros ya le dijimos que ahora sí nos urge tener  el diálogo porque las máquinas siguen avanzando. Entonces pues quedó de que sí, que lo más rápido posible, pero la verdad yo siento que nos van a  dejar plantados aquí porque no tienen ningún documento, todo es ilegal y nosotros lo hemos estado probando, por eso no se presenta la SCT.

Pero bien: si todo es ilegal, de todas maneras, como seres pensantes debemos de tener un diálogo, porque no es justo que así estemos. El gobierno le apuesta a que nos cansemos, a que totalmente nos vayamos derrotados a nuestros lugares. No, no se trata de eso, menos en este siglo. Así no se deben arreglar las cosas. Ya basta de tanta imposición. Tenemos que dialogar, pues si no somos totalmente irracionales para que nos tengan miedo. Nosotros ya les dijimos: “estamos dispuestos a ir a dónde ellos digan siempre y cuando haya medios de comunicación”. Eso es todo lo que pedimos, no pedimos más. ¿Es una cosa difícil? Que acepten para que así nosotros  también veamos, si es que ellos dicen tener los permisos que nos los muestren. Eso es lo queremos. Y pues con respecto a lo que dicen que planearon para desalojarnos, no lo lograron. Soy sincera. Cuando vimos que estaban pasando los grupos de golpeadores y los camones materialistas que llegaron y se formaron y tanta gente desconocida que venía en las combis, pues nosotros tomamos  el acuerdo de marcharnos  y no sumarnos a la violencia. Porque ya estaba la ambulancia, el carro de los bomberos, ya estaba el juez ahí. Además nos avisaron antes que venía la migración y la PGR, que tuviéramos cuidado con los extranjeros, con los que tenían órdenes de aprensión, todo eso. La plática se hubiera dado con aquellas personas, pero así como acostumbran ellos de llegar y golpear, porque eso ya lo vimos en años pasados, mejor dijimos “no queremos violencia, nuestra lucha no es de violencia”. Nos trasladamos a otro  lugar, al centro, y venimos así como se acostumbra a  decir en los pueblos: en procesión;  y venimos y aquí estamos  instalados y aquí vamos a permanecer hasta tener ora si la respuesta de la SCT.  Que se presente. ¿Cuál es el miedo? Nosotros nos responsabilizamos de que entren bien y salgan bien. ¿Pues qué les pasa? Ya que se acabe todo esto.

Estamos aquí en señal de protesta, porque para eso es el plantón, porque aunque estén trabajando y estén terminando la ampliación, nosotros  estamos demostrando que estamos en protesta y que es ilegal, y que el pueblo está totalmente diciendo, no nada más a Morelos ni a México si no a todo el mundo, la clase de gobierno que tenemos: impostor, destructor, nos divide, nos humilla. Bueno, eso es lo que estamos dando a demostrar con este plantón, y vamos a seguir, porque no es justo que nos retiremos nada más porque sí. El día que el plantón se retire va a ser con dignidad, y que quede muy claro que nosotros vamos  a seguir protestando así con la voz en alto, con la frente así en alto, porque estamos en defensa de nuestro territorio, en defensa de la vida, en defensa  de la madre tierra. ¡Óigame pues ya basta de tantas injusticias! Y ningún pueblo, por más humilde que sea, va a permitir que  lleguen a su casa y lo saquen: “órale, te sales porque aquí voy a construir lo que a mí se me da la gana”. Y ni siquiera es beneficio para Tepoztlán, para nadie. Es la destrucción. Ya empezaron con destruir a los árboles. ¿Qué no tiene conciencia de plano este señor o los que mandan? Ahora está muy clara la división. Dicen que somos pocos. Mentira: son pocos los que él orquesta. Lo sabemos. Es un proceso que ya viene así. Hasta la fecha el gobierno sigue trabajando por debajo, comprando conciencias, humillando. Dicen  “te voy a hacer una universidad en 500 mts. pero fírmale aquí” ¿Con qué finalidad se presentan a estas alturas? Para que después diga “miren: aquí esta la aceptación”. Yo les puedo  enseñar las actas que se han levantado, de cómo es humillante: piden una cisterna, les ofrecen en otras partes “que te voy a arreglar la carretera para que tú aceptes”. Eso lo hizo en Ocotitlan y en Amatlan,  y en San Juan su escuela. Si los beneficios de por sí debe recibirlos el pueblo pero no a cambio de la destrucción, y así como eso hay muchas cosas palpables totalmente de que él se va metiendo por debajo para que después salga “Miren, ya la aceptaron”. Esa es la mentira más grande. Yo les recalco que esta construcción es ilegal. Totalmente ilegal. No tienen el derecho de vía histórica. No lo han pagado. Tengo unos documentos de 1967, cuando se hizo la primera parte de la autopista, y no se acordó nada. No hay ningún convenio ni nada. Ni siquiera pagaron los terrenos por dónde pasó la autopista, la anterior, la del ‘65 y ‘67 que se terminó. Y ahora están haciendo lo mismo. Se metieron ahora porque tienen un grupito que orquesta este señor, don Graco le llamo yo, y nos sigue pisoteando. Pero ya basta. Ese ya basta es en todos los aspectos. Tenemos que caminar ahora, aunque sea con paciencia pero todos juntos, unidos así, porque es necesario el cambio definitivamente. Es necesario ya que se frene toda esta introducción de compañías trasnacionales, ya que quede frenado todo. Y nos vamos a unir. Ya estamos unidos los pueblos en resistencia. Nosotros pertenecemos al congreso de pueblos unidos, y vamos a continuar pase  lo que pase, porque estamos haciéndolo  de una manera sensata, con la razón, solamente en defensa de la vida.

Justamente en el foro que ahora están organizando varias personas argumentaron que el gobierno le tiene miedo al diálogo público porque sabe que no tiene ni la razón moral ni técnica ni la razón de ningún tipo. Si ello es así, ¿qué pasaría con las estrategias de lucha de Tepoztlán si se consiguiera el dialogo?

Roberto Robles.– Sabemos que el diálogo con el gobierno es complicado porque no tienen elementos para demostrar ni la legalidad ni la legitimidad de la ampliación de la autopista. El principal problema es que no han podido demostrar que la comunidad es la que ha dado el permiso. Ellos dicen que  tienen todos los permisos pero son los permisos de las mismas dependencias del gobierno: permisos de la SEMARNAT, la SCT, en fin: permisos que ellos se han dado a sí mismos. El permiso principal que les falta es el permiso de la comunidad, el permiso a través del comisariado comunal. Sabemos que eso jamás lo van a poder demostrar. Estamos conscientes de que eso va a detener el diálogo porque no van a poder demostrar esta parte. Sin embargo, el plantón ha servido para fortalecer la presencia de la comunidad, sobre todo después de la tala de 2,800 árboles, pues causó mucha indignación en la población y hubo un incremento de la presencia de personas en el movimiento. Incluso personas que estaban  a favor de la ampliación de la autopista, al ver la magnitud del proyecto, la magnitud de la devastación, llegaron a cambiar de opinión y ahora están en contra de la ampliación de la autopista. Por ejemplo, la colonia Navidad ya vino como colonia, hizo su propia manifestación, su propia marcha, y vino a presentarse en el plantón. También hemos estado visitando otros barrios para justo invitar y dar a conocer el problema, y eso es lo que nos ha estado fortaleciendo últimamente. Y además está el camino legal, los procesos legales y todo esto que también  se tienen que llevar a la par. No es nada mas  esperar al gobierno porque sabemos que eso es muy complicado y es a lo que le apuestan, al cansancio, pero sí tenemos que llevar esta parte social e invitar a la gente y también los procesos legales, y es lo que estamos tratando de hacer.

Doña Osbelia, Roberto, en ese sentido, ¿cómo ven su comunidad? Parece que hay mucha nostalgia por las luchas de hace años pero también se nota que Tepoztlán se niega a rendirse. ¿Cómo ven: la gente esta más cansada y menos organizada, o será que hay un cambio en la generación y en los modos de estar juntos y luchar? ¿Qué ha pasado estos años en su comunidad? ¿Como está hoy Tepoztlán, un pueblo muy combativo y que ha ganado mucho, ante este nuevo reto?

Doña Osbelia.- En realidad Tepoztlán sí va perdiendo algunas cosas. Yo les voy a decir de una vez: yo veo a los jóvenes totalmente fuera de sí,  porque caminan con la calle con su celular y eso es algo que ha afectado definitivamente. Cuando nosotros hemos tenido  asambleas aquí en el Zocalo escucho las expresiones de esos jóvenes, que lejos de darme coraje me dan tristeza, porque  dicen “sí, que vengan los oxxos para estar cheleando toda la noche”. Esa es la expresión. Y más que nada sí hay pobreza porque todos tienen que trabajar, ¿no? En realidad se van a su trabajo pero la gente consciente viene, se presenta acá y siempre dice “estamos dispuestos a la lucha”. Pero ellos creo que quieren ver algo más fuerte que no es correcto. Porque, como cuando fue la lucha del club de golf, salieron así las personas, armados de palos y machetes. Las calles se llenaban así, pero pues orita es otro tipo de lucha la que estamos llevando a cabo. En esa ocasión hubo muertos,  ahora no queremos  que haya eso. La vida de las personas no se repone ni con todo el oro del mundo. Así que nuestra lucha está fuerte a pesar de que la juventud… no toda, pero hay alguna más que nada está aislada; porque sí reina aquí la apatía, eso sí. Quizá porque no vieron ningún  resultado con los terrenos que ni se han rescatado bien legalmente.

Pero ahora, hablando de los terrenos, si se hace la ampliación viene de inmediato la construcción del club de golf, eso sí que quede muy claro. Y cuando vean que se está destruyendo también los cerros yo no sé que vaya a pasar. La gente va a reaccionar, y no queremos que haya una cosa totalmente desagradable. Hemos tratado de llevar esta lucha con valentía, con serenidad, con conocimiento, y no permitiendo que haya violencia, porque aquellos que orquesta el gobierno sí son del grupo de choque. Lo hemos visto, ya lo hemos constatado hace poquitos días. Pero pues sí  veo apatía más que nada.  Gente que podemos llamar, gente fría totalmente, ya no tibia sino fría por completo, y eso es lo que ha ocasionado a que mucha gente no participe. Porque a mi me lo han dicho: “¿cómo vamos a ir allá si tenemos que trabajar? Vamos un rato en la noche nada más, pero no podemos estar mucho tiempo”. Se retiran y eso es natural, lo aceptamos. Pero aquí sí hay un grupo de jóvenes que se turna, que viene para tener presencia aquí. Entonces pues sí veo con tristeza que hay una poquita, no poquita si no poquito de temor por todo lo que ha pasado. Sí  hay temor a la vida, porque dicen “el gobierno es tremendo”. Entre ellos corre la expresión “es tremendo, nos desaparece”, y todo lo que saben de las fosas y eso. “Ahí no, dicen, nada más con que nos desparezcan y ya”. Hay miedo. Pero también nos han invitado los mismos jóvenes a que controlemos nuestro miedo,  porque si todos vamos a tener miedo vamos a vivir agachados y no es el tiempo.

Ahora nos estamos uniendo al grupo de los pueblos en resistencia y lo vamos a seguir haciendo, y no nos va quedar otra que seguir invitando. Lo que sí no hemos hecho es hacer lo que hacen los de la religión de los hermanos de Jehova, o como se llamen, de ir casa por casa. Eso sí nos ha faltado. Porque sí hay que abrir conciencia en nuestros paisanos y decir qué es lo que va a pasar si esta ampliación se hace. El pueblo de Morelos, el estado, va sufrir un cambio tremendo. Y en especial Tepoztlán, que es un lugar turístico, con esto va a ser un pueblo de paso. Se va a ver totalmente la muerte en Tepoztlán. Va pasar como lo que ha pasado en Oaxtepec y en otros lugares. Eso lo tenemos visto. Luego esa caseta que tratan de hacer, de ampliarla. Una caseta para la entrada y otra caseta para la salida de Tepoztlán. Eso ya sabemos para qué es. Ellos tratan de recuperar  el dinero que han estado gastando y el que según han perdido en el tiempo que no se trabajó. Miren: esta es una lucha que sí se nos está presentando difícil, pero tampoco imposible, porque nosotros tenemos que decir en el momento preciso y dónde sea que esto es ilegal y que el gobierno nos está vendiendo, y que mucha gente por la apatía, por la pobreza económica, moral, cultural estamos perdiendo lo que por derecho nos pertenece. Pero este grupo está dispuesto a luchar por la vida y por lo que se va a dejar a los venideros. Entonces lo vamos a seguir haciendo y vamos a estar pendientes. Ustedes estén pendientes de lo que va suceder, porque no vamos a dejar nada más porque sí las cosas, no. La lucha yo creo que apenas empieza, por que al ratito todo lo que nos impongan…  porque el proyecto así no es solo, viene acompañado de lo que se llama PIM, y eso ya lo saben las personas. Un proyecto de destrucción, de muerte, de desolación, de acabar con la vida de la población. ¿Y qué le va tocar a Tepoztlán  con este desastre? Solamente contaminación, enfermedad que poco a poco la vamos a ir viendo. Así que vamos a seguir en lucha.

Roberto Robles.-  En realidad te refieres a la lucha del club de golf, que ya son 22, 23  años. Sí es un cambio bastante fuerte, profundo. Definitivamente la comunidad sí está más apática y más divida, diría yo. Es claro que el gobierno ha hecho un trabajo de división de la comunidad a través de los programas sociales, a través de la obra pública que se ofrece a cambio de que entren los proyectos, a través de la idea del turismo como única vía de desarrollo. Ahora nos dicen que la autopista tiene que pasar porque Tepoztlán es turístico, y es el argumento muy simple de algunas personas pero es una idea que se ha venido manejando: “Tepoztlán es turístico, Tepoztlán es turístico” y pues  la gente ya se la creyó. El programa de Pueblos Mágicos es completamente destructivo. Ha traído más destrucción que beneficios. En fin: todo esto ha hecho que la población esté más dividida, sin embargo todavía hay gente que es más consciente de su historia y de los problemas y estamos tratando de resistir. Y lo que sí es que nosotros consideramos que aún estas personas con cierta apatía o desinterés, o incluso como decía la maestra  a veces hasta con burla, pues no los consideramos enemigos. A fin de cuentas son parte de nuestra comunidad. Nuestro enemigo histórico es el gobierno y son los empresarios, entonces hacia ahí es donde nosotros nos dirigimos. Jamás hemos tratado de dividir a la comunidad; al contrario, pretendemos que nos unamos más y esperemos que se vaya dando un proceso de unidad en lo futuro.

Y empezó a girar sobre sí misma -resonancias desde el epicentro

Voces, cantos y testimonios de artistas, científicxs y participantxs de los encuentros CompArte (Julio -Agosto 2016), ConCiencias por la Humanidad (Dic ’16-Enero ’17) y V Congreso Nacional indígena Oct’16-Enero ’17). México, mero en su abajo y a la izquierda, intentando uno de sus últimos chances para conservar la dignidad y lograr que ella sea el epicentro de un nuevo mundo: